Tu acento puede abrir o cerrar puertas laborales, según estudio de Uniandes

Un análisis del Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico de la Universidad de los Andes reveló que la forma de hablar influye más en las oportunidades de empleo de lo que la mayoría cree. Las personas con acentos asociados a clases altas reciben evaluaciones mejores en confianza, liderazgo y empleabilidad, incluso cuando tienen educación e ingresos similares a otros candidatos. Este efecto actúa como un capital social invisible que puede determinar acceso a trabajos, ascensos y relaciones profesionales.
¿Creías que en una entrevista de trabajo solo importaba tu experiencia y educación? Resulta que hay otro factor silencioso jugando a favor o en contra: cómo suenas cuando hablas. Un estudio realizado por el Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico (CEDE) de la Universidad de los Andes lo confirmó después de analizar más de 6.000 adultos bogotanos. Los investigadores Leopoldo Fergusson, Natalia Garbiras y Michael Weintraub descubrieron que el acento funciona como una señal social poderosa que determina cómo otros te perciben en contextos laborales.
El experimento fue simple pero revelador: los participantes escucharon perfiles idénticos de candidatos donde lo único que cambiaba era el acento. La educación y los ingresos se mantuvieron iguales en todos los casos. Los resultados fueron claros: quienes hablaban con acento de clase alta tenían 19,3 puntos porcentuales más probabilidad de ser elegidos para un empleo. Lo más preocupante es que esta ventaja se mantenía incluso cuando se proporcionaba información objetiva sobre el nivel educativo o la situación económica de los candidatos. El acento seguía influyendo por sí solo.
Pero el impacto no se detiene en conseguir trabajo. El estudio encontró que las personas con acentos de clase alta eran preferidas también como colegas, socios de negocios y jefes. La diferencia oscilaba entre 12,6 y 15,1 puntos porcentuales dependiendo del escenario. Esto significa que estos acentos generaban mayores niveles de confianza y se asociaban con características de liderazgo. En entornos donde las relaciones interpersonales pesan en las decisiones, esta ventaja puede traducirse directamente en ascensos y mejores posiciones.
Algo interesante que los investigadores notaron es que este prejuicio es más fuerte entre personas de altos ingresos. Quienes pertenecen a estratos socioeconómicos altos muestran mayor tendencia a confiar y contratar a personas cuya forma de hablar se parece a la suya. Es decir, el favoritismo opera entre quienes se perciben como parte del mismo grupo social. Sin embargo, cuando los participantes escucharon acentos extranjeros, como los de Santiago de Chile, el efecto prácticamente desapareció. Esto sugiere que estas señales de estatus son profundamente locales y dependen del contexto cultural.
La conclusión es incómoda pero importante: si dos personas tienen niveles similares de educación e ingresos pero hablan distinto, la forma de expresarse se convierte en un factor adicional que abre o cierra puertas laborales. El acento actúa como una forma de capital social, un activo invisible que puede determinar oportunidades de empleo, relaciones profesionales y espacios de liderazgo. Es una barrera que no aparece en ningún criterio de selección oficial, pero existe.
Fuente original: Portafolio - Empleo