Reducción de jornada laboral en América Latina: cómo las empresas se adaptan al nuevo reto

Colombia completará este año su transición a 42 horas semanales, mientras Chile llegará a 40 horas en 2028 y México en 2030. Los expertos advierten que sectores con operaciones continuas enfrentan desafíos para mantener productividad con menos horas disponibles. La solución está en mejorar la organización del trabajo y adoptar tecnología, un modelo que ya funciona en países desarrollados como Francia.
América Latina vive un cambio importante en la forma como organiza el trabajo. Colombia está en la recta final de su transición: el próximo 15 de julio cerrará el ciclo de reducciones progresivas que comenzó con la Ley 2001 de 2021, bajando la semana laboral de 44 a 42 horas. Esta reforma, que abarcó tanto empresas públicas como privadas sin perder beneficios laborales, ocurrió entre 2023 y 2026. Pero Colombia no está sola en esta apuesta: otros países de la región también están reduciendo sus jornadas laborales de manera significativa.
Chile completará la implementación de su Ley de 40 Horas en 2028, mientras que México acaba de oficializar una reforma que bajará gradualmente desde 48 hasta 40 horas en 2030. La reforma mexicana va más allá: limita las horas extras a 12 por semana y obliga a implementar sistemas electrónicos para registrar entrada y salida a partir de 2027. Antes de estas reformas recientes, países como Ecuador y Venezuela ya tenían jornadas de 40 horas semanales establecidas desde hace años.
El verdadero reto está en cómo las empresas implementarán estos cambios sin afectar su operatividad. Los sectores que funcionan con turnos continuos, que dependen intensamente de mano de obra o que requieren operación ininterrumpida enfrentan la mayor dificultad: mantener la misma productividad con menos horas disponibles. Según Federico dos Reis, CEO para Latinoamérica de INFORM, "lo que estamos observando es una convergencia de América Latina hacia modelos laborales que ya son habituales en economías desarrolladas". El ejecutivo señala que la discusión ya no se limita a cuántas horas se trabaja, sino a cómo usarlas de manera más eficiente.
La experiencia internacional demuestra que la reducción horaria puede coexistir con altos niveles de productividad. Francia opera bajo esquemas de 35 horas semanales desde hace años, y la mayoría de economías desarrolladas trabajan alrededor de 40 horas. El secreto está en tres elementos clave: mejor planificación de personal, gestión inteligente de turnos y automatización de procesos. Las organizaciones que usan sistemas tecnológicos para administrar su dotación planifican turnos más eficientemente y se adaptan rápidamente a cambios en la demanda.
Para las compañías que quieran adelantarse a estos cambios, la recomendación es clara: invertir en herramientas digitales que mejoren la comunicación entre equipos, faciliten acceso a información en tiempo real y den mayor autonomía a los trabajadores. Dos Reis lo resume así: "La tecnología se está convirtiendo en un elemento clave para responder a ese nuevo escenario". El verdadero desafío no es solo reducir horas, sino compatibilizar productividad con calidad de vida laboral, algo que la tecnología puede ayudar a lograr.
Fuente original: Portafolio - Empleo