Papa León XIV clama por paz mediante el diálogo frente a la "diplomacia de la fuerza"

El papa León XIV advirtió ante diplomáticos de 184 países que la diplomacia del diálogo está siendo reemplazada por una "diplomacia de la fuerza" en un mundo marcado por conflictos en Ucrania, Gaza, Venezuela y otras regiones. Basándose en el pensamiento de san Agustín, el pontífice enfatizó que la paz requiere esfuerzos continuos de construcción y respeto al derecho internacional humanitario. Desde Colombia, la Iglesia católica respalda este llamado señalando que es necesario "desarmar" no solo las armas, sino también los odios y divisiones que fracturan a la nación.
En el corazón del Vaticano, el papa León XIV dirigió palabras contundentes a los representantes diplomáticos de 184 países y organismos internacionales durante el encuentro de Año Nuevo. Aunque se trata de una reunión tradicional, esta fue especial porque marcó el primer año del pontífice en el cargo tras la muerte de su predecesor. Sus advertencias sobre el estado actual del mundo resonaron con particular urgencia: "La guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo bélico se extiende. Se ha roto el principio establecido tras la Segunda Guerra Mundial, que prohibía a los países utilizar la fuerza para violar las fronteras ajenas", expresó con vehemencia.
El Papa centró su reflexión en un análisis del pensamiento de san Agustín y su obra La Ciudad de Dios, una reflexión teológica que, aunque escrita en el siglo V, sigue siendo extraordinariamente relevante. León XIV observó que así como en tiempos de Agustín había movimientos migratorios masivos y reajustes geopolíticos, hoy vivimos una realidad similar pero en escala global. El pontífice enfatizó que vivimos en un cambio de época donde los mecanismos multilaterales creados después de la Segunda Guerra Mundial, diseñados para preservar la paz y fortalecer la cooperación, están siendo desplazados por alianzas basadas en la imposición de poder.
Lo que preocupa profundamente al Papa es cómo la búsqueda de paz ha mutado. Años atrás se perseguía como un bien deseable en sí mismo, como un reflejo del orden divino. Ahora, señaló, "se busca mediante las armas una condición para afirmar el propio dominio". Esta transformación compromete gravemente el estado de derecho, que es la base de cualquier convivencia pacífica. Para ilustrar este punto, León XIV citó a san Agustín: aquellos que buscan la guerra "lo que ansían es llegar a una paz pero cubierta de gloria", una paz conforme a sus propios intereses y no a la justicia común.
Frente a conflictos específicos, el Papa fue contundente. Respecto a Ucrania, denunció el sufrimiento de civiles y pidió un alto el fuego inmediato. En Gaza, aunque reconoció una tregua anunciada en octubre de 2025, subrayó que persiste una crisis humanitaria grave y reafirmó que la solución de dos Estados sigue siendo el camino institucional legítimo. Sobre la intervención militar estadounidense en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro, el pontífice renovó su llamamiento para respetar la voluntad del pueblo venezolano y proteger sus derechos humanos. También hizo referencias a conflictos en Asia y África, instando a elegir "con valentía los caminos de la paz y del diálogo inclusivo".
En Colombia, la Iglesia católica acogió con particular significado este mensaje papal. Monseñor Héctor Fabio Henao, encargado de las relaciones entre la Iglesia y el Estado, y de acompañar los diálogos de paz en curso, interpretó el llamado como una urgencia integral: "Una paz desarmada y desarmante significa que debemos hacer un gran esfuerzo como sociedad para que las armas dejen de ser lo que gobierna en distintos ámbitos y territorios, pero además desarmar los odios y la estigmatización que nos siguen dividendo como nación. Estamos ante la urgencia de silenciar los fusiles, pero también de desarmar el corazón, el lenguaje y las relaciones sociales". Para el prelado, el mensaje papal invita a superar desconfianzas reconociendo la dignidad de todas las personas, una transformación que no brota de las armas sino del diálogo genuino.
El Papa cerró su reflexión con una conclusión esperanzadora pero realista. Mientras que la guerra se conforma con la destrucción, la paz "requiere esfuerzos continuos y pacientes de construcción, así como una vigilancia constante". Aunque las circunstancias actuales parecen desalentadoras, León XIV insistió en que la paz sigue siendo un bien difícil pero posible. La construcción de esa paz, en su perspectiva, descansa en dos virtudes fundamentales: la humildad de la verdad y la valentía del perdón, virtudes que la tradición cristiana celebra en la Navidad y la Pascua.
Fuente original: El Tiempo - Vida