Médico advierte: ni un cigarrillo es seguro para los pulmones, y los vapeadores tampoco

Más de 34.800 colombianos mueren anualmente por enfermedades relacionadas con el tabaco. Un neumólogo especialista explica cómo el humo daña la estructura de los pulmones, debilita las defensas respiratorias y aumenta el riesgo de cáncer. Advierte además que no existe una exposición segura al cigarrillo, incluso ocasional, y que los vapeadores son una falsa alternativa por mantener la adicción a la nicotina.
Más de 34.800 personas fallecen cada año en Colombia por enfermedades vinculadas al consumo de tabaco. Según la Organización Panamericana de la Salud, el tabaco cobra más de 7 millones de vidas al año a nivel mundial, incluyendo a más de un millón de personas que nunca fumaron pero fueron expuestas al humo ajeno. Estos números representan una de las principales amenazas para la salud pública, pero la mayoría de fumadores no es consciente de los cambios que ocurren en su cuerpo desde el primer cigarrillo.
Luis Fernando Giraldo Cadavid, médico especialista en neumología de la Universidad de La Sabana, explica con claridad qué sucede cuando alguien fuma. "El cigarrillo va dañando la estructura del pulmón, va rompiendo las paredes de los alvéolos, que son los que sostienen los bronquios abiertos, y eso lleva que el pulmón pierda la elasticidad y los bronquios ya no se mantengan abiertos traccionados por estas paredes de los alvéolos y al cerrarse se dificulta la salida del aire de los pulmones". En otras palabras, el humo deteriora progresivamente la capacidad de los pulmones para respirar, incluso sin que el fumador lo note de inmediato.
Un problema grave es que muchas personas normalizan los síntomas tempranos. La tos frecuente, el exceso de flemas o el cansancio se ven como parte inevitable del hábito, cuando en realidad son señales de alerta que el cuerpo está sufriendo daño. Además, el tabaquismo aumenta considerablemente el riesgo de cáncer de pulmón y debilita las defensas naturales del aparato respiratorio. Giraldo explica que dentro de los bronquios y la tráquea existen "unos vellitos invisibles que van a barrer los contaminantes, la mugre, los microbios de las vías respiratorias para mantenerlas limpias y estériles. El humo del cigarrillo los debilita y se hace mucho más fácil que una simple gripa se convierta en una bronquitis grave o en una neumonía".
Síntomas como falta de aire persistente, cansancio extremo, pérdida de peso involuntaria, tos de más de tres o cuatro semanas, cambios en el sonido de la tos, sangre en la flema o silbidos en el pecho deben alertar al fumador a consultar un especialista. Lo positivo es que abandonar el cigarrillo siempre genera beneficio para la salud. "El cuerpo comienza a recuperarse desde las primeras horas, mejorando el transporte de oxígeno y reduciendo progresivamente la inflamación", afirma Giraldo. Con el paso de los meses, la circulación mejora, disminuyen la tos y la sensación de ahogo, y a largo plazo se reduce significativamente el riesgo de infartos y cáncer de pulmón.
El especialista es categórico respecto a fumar ocasionalmente: no existe exposición segura al humo del tabaco. Incluso un solo cigarrillo produce inflamación inmediata en los pulmones y afecta temporalmente la circulación sanguínea. El humo de segunda mano también representa un riesgo importante. Las personas que conviven con fumadores están expuestas diariamente a sustancias tóxicas que dañan el sistema respiratorio y cardiovascular. En niños, el impacto es aún mayor porque sus pulmones están en desarrollo, predisponiendo a infecciones respiratorias, crisis asmáticas y alergias.
En cuanto a los cigarrillos electrónicos, Giraldo advierte que son una falsa alternativa. "Los cigarrillos electrónicos y los sistemas de vapeo también tienen nicotina, mantienen la adicción. Además, los vapores pueden producir daños e inflamación en los pulmones". La preocupación es mayor porque estos dispositivos se han popularizado entre adolescentes. Para dejar de fumar o vapear de manera efectiva, el experto enfatiza que es fundamental buscar acompañamiento profesional. Las estrategias más efectivas incluyen sustitutos de nicotina, medicamentos formulados y cambios en las rutinas cotidianas asociadas al hábito.
Fuente original: El Tiempo - Salud