Médicos en guerra: cuando ni los hospitales son seguros para salvar vidas

La doctora María Guevara lleva más de dos décadas trabajando como médica humanitaria en zonas de conflicto armado con Médicos Sin Fronteras. En 2025, se registraron 1.348 ataques contra instalaciones médicas que causaron 1.981 muertes, el doble que en 2024. Hoy, ejercer la medicina en escenarios de guerra significa atender pacientes entre bombardeos, escasez de recursos y el riesgo constante de ser blanco de ataques.
Cuando María Guevara llegó a Liberia en 2004 para trabajar con Médicos Sin Fronteras, enfrentó una realidad completamente distinta a lo que había conocido en los hospitales estadounidenses. Mientras atendía niños con malaria y desnutrición en un hospital materno-infantil, el conflicto armado se intensificó a su alrededor. En cuestión de horas, su sala pediátrica se convirtió en un centro de trauma. "Fue un choque cultural muy fuerte", recuerda hoy. Sin electricidad estable, agua escasa y recursos médicos mínimos, Guevara y su equipo tuvieron que negociar corredores humanitarios con grupos armados para evacuar a cientos de heridos por las calles destruidas de la ciudad.
Desde entonces, ha trabajado en países como Haití, Sudán del Sur, Nigeria y la República Democrática del Congo. Esas experiencias le mostraron algo que trasciende el sufrimiento: la resiliencia de las comunidades atrapadas en conflictos. Recuerda a madres observando con gratitud mientras intentaba salvar a sus bebés, familias huyendo con lo poco que podían cargar, y personas que, a pesar de la devastación, encontraban razones para vivir. "A pesar de todo lo que han vivido, muchos pacientes conservan un enorme aprecio por la vida", explica.
Hoy, como secretaria médica internacional de Médicos Sin Fronteras, Guevara observa una realidad alarmante desde una perspectiva global. Los ataques contra hospitales y personal sanitario se han multiplicado de manera dramática. Según datos que la organización ha recopilado junto con organismos internacionales, en 2025 el Sistema de Vigilancia de Ataques contra la Atención Sanitaria de la OMS reportó 1.348 ataques contra instalaciones médicas que causaron 1.981 muertes, cifra que se duplicó comparada con las 944 registradas en 2024. El panorama es devastador: Sudán fue el país más afectado con 1.620 personas asesinadas, seguido por Myanmar con 148, Palestina con 125, Siria con 41 y Ucrania con 19.
Un dato particularmente preocupante es que aproximadamente el 81 por ciento de los incidentes de violencia contra centros de salud se atribuyeron a grupos estatales. Esto significa que los gobiernos en conflicto tienen mayor capacidad para llevar a cabo ataques aéreos y utilizar explosivos en zonas densamente pobladas, lo que amplifica el riesgo para civiles y personal médico. En Gaza, donde Médicos Sin Fronteras ha estado presente desde 1988, la situación alcanzó niveles críticos. En 2025, el personal de la organización atendió una de cada cinco camas de hospital, asistió una de cada tres partos y realizó más de 913.000 consultas ambulatorias. Solo en enero de 2026, atendieron más de 85.000 consultas por traumatismos y 40.000 casos de urgencia. A marzo de 2026, 15 trabajadores de Médicos Sin Fronteras han sido asesinados en Gaza desde el 7 de octubre de 2023.
El impacto emocional en quienes trabajan en estas condiciones es profundo. Guevara señala que la organización ha hecho esfuerzos sistemáticos por integrar atención de salud mental, no solo a corto plazo sino también a mediano y largo plazo. El trauma derivado de la violencia sexual es especialmente complejo. "La violencia sexual se ha convertido en un arma de guerra", dice, mencionando que sucede especialmente en Congo, Sudán y Gaza. Médicos Sin Fronteras ha desarrollado protocolos específicos y capacitación para sus equipos, reconociendo que los trabajadores humanitarios también necesitan herramientas para cuidar su propia salud mental.
Mirando hacia adelante, Médicos Sin Fronteras continúa innovando en acceso a medicamentos, vacunas, logística, agua y saneamiento. Guevara también destaca la urgencia de prepararse para los impactos del cambio climático en la salud, particularmente en contextos de conflicto donde la degradación ambiental agravará brotes de dengue, malaria e inundaciones. El desafío médico y humanitario en zonas de guerra no es solo mantener hospitales funcionando bajo bombardeos, sino también prepararse para crisis futuras donde la salud enfrentará presiones simultáneas desde múltiples frentes.
Fuente original: El Tiempo - Salud