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Legisladores de Ecuador y Colombia unen fuerzas contra aranceles que asfixian el comercio fronterizo

Fuente: Portafolio - Economía
Legisladores de Ecuador y Colombia unen fuerzas contra aranceles que asfixian el comercio fronterizo
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Parlamentarios ecuatorianos y colombianos crearon un frente binacional para exigir el fin de los aranceles que han paralizado el comercio en la frontera. La crisis comercial, desatada en enero con un arancel del 30% que escaló a 50%, ha golpeado más de 200.000 empleos según denuncian. Aunque hay diálogos diplomáticos en curso, esta alianza legislativa busca presionar desde otro frente para restablecer el flujo de mercancías.

En plena crisis comercial entre Ecuador y Colombia, legisladores de ambos países dieron un paso sin precedentes: se unieron en Rumichaca, el corazón de la frontera binacional, para crear un frente común que exija el desmonte inmediato de los aranceles que han desatado el caos en la región. Los parlamentarios del movimiento ecuatoriano Revolución Ciudadana y senadores colombianos calificaron esta alianza como un ejercicio de diplomacia parlamentaria destinado a frenar lo que consideran decisiones "unilaterales y erráticas" que están destruyendo la economía local.

La urgencia no es casual. El cierre de Rumichaca durante 19 días, que terminó hace poco, paralizó prácticamente toda la actividad comercial de la zona, reduciendo la operación a apenas un 5% de lo normal. Estamos hablando de una contracción del 95% en apenas tres semanas. Aunque esta región no mueve los mayores volúmenes de comercio exterior del país en términos generales, funciona como una vía crucial por donde pasan mercancías hacia todo el continente. Más allá de los números macro, el cierre afectó a miles de familias cuyo sustento depende de que las mercancías atraviesen la frontera sin obstáculos.

El origen de todo esto está en enero, cuando el presidente ecuatoriano Daniel Noboa impuso una "tasa de seguridad" del 30% a lo que importaba de Colombia, argumentando que Bogotá no hacía lo suficiente contra el narcotráfico. Dos meses después, los aranceles se duplicaron al 50%. Colombia no se quedó quieta: cerró su frontera a productos ecuatorianos como arroz y banano, suspendió la energía eléctrica que le vende Ecuador, y Quito respondió multiplicando por diez el costo de transporte de crudo a través de sus oleoductos, de 3 a 30 dólares por barril. El efecto fue como una bola de nieve: cada represalia genera otra represalia, y los costos suben para todos.

La bancada liderada por el expresidente Rafael Correa advierte que esta guerra comercial amenaza más de 200.000 empleos y califica la inacción como abandono de miles de familias. El frente binacional declara que no permitirá que "la improvisación gubernamental destruya el aparato productivo", y enfatiza que la integración regional debería ser un escudo real de defensa económica, no solo palabras bonitas en discursos.

Sin embargo, no todo es bloqueo. Ambos gobiernos comenzaron a explorar caminos diplomáticos. Esta semana tuvieron su primera reunión de carácter político. La canciller ecuatoriana Gabriela Sommerfeld anunció que viene una reunión técnica, todavía sin fecha concreta, donde se abordarán los aspectos comerciales y operativos de la crisis.

El frente binacional se convierte así en un actor nuevo en esta negociación. Ya no se trata solo de gobiernos dialogando en silencio, sino de legisladores y sectores productivos presionando públicamente para que se aceleren soluciones. En las próximas semanas veremos si esta presión parlamentaria logra lo que la diplomacia silenciosa aún no consigue: restablecer un flujo comercial que la región necesita para respirar.

Fuente original: Portafolio - Economía

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