La Iglesia católica: estos son los pecados que impiden recibir la comunión

La Iglesia católica establece que los fieles deben estar en "gracia de Dios" para recibir la eucaristía, un sacramento que representa el cuerpo y la sangre de Jesucristo. Quien se encuentre en pecado mortal no debe comulgar hasta reconciliarse mediante la confesión. Los siete pecados capitales identificados por la tradición católica pueden impedir el acceso a este sacramento si se cometen con plena conciencia y gravedad.
La comunión es uno de los momentos más significativos de la misa en la fe católica, ya que representa el cuerpo y la sangre de Jesucristo bajo la apariencia de pan y vino. Sin embargo, no todas las personas pueden recibirla en cualquier momento, pues existen condiciones espirituales que deben cumplirse antes de participar en este acto de fe y unión con Dios.
La Iglesia católica enseña que los feligreses deben estar en "gracia de Dios" y ser conscientes del significado profundo de lo que reciben en el altar. Si alguien considera que se encuentra en pecado mortal, la doctrina señala que no debería recibir la comunión hasta haberse reconciliado primero con Dios a través de la confesión. Este requisito tiene raíces bíblicas profundas.
El apóstol Pablo escribió en 1 Corintios 11:28-29 sobre las condiciones necesarias para recibir dignamente el Cuerpo de Cristo: "De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí". Estas indicaciones buscaban que el feligrés evitara cometer un pecado al momento de comulgar.
Según la tradición católica, el sacramento de la eucaristía fue instituido por Jesucristo durante la Última Cena con sus apóstoles. En ese momento presentó el pan y el vino como su cuerpo y sangre, pidiendo a los discípulos repetir ese gesto en memoria suya. Esto aparece en Lucas 22:19-20, donde Jesús dice: "Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: 'Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama'".
La tradición católica ha identificado siete pecados conocidos como capitales, sistematizados por el papa Gregorio Magno en el siglo VI. Estos se consideran raíces de muchas otras faltas morales: orgullo o vanagloria, avaricia, lujuria, ira, gula o glotonería, envidia y pereza. Quienes cometen estas conductas con plena conciencia y gravedad no deben recibir la eucaristía hasta reconciliarse con Dios mediante el sacramento de la penitencia.
Fuente original: El Tiempo - Vida