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Gobierno cambia las reglas del agua: nueva tarifa promete justicia, pero deja dudas sobre el bolsillo

Fuente: Portafolio - Economía
Gobierno cambia las reglas del agua: nueva tarifa promete justicia, pero deja dudas sobre el bolsillo
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El Gobierno Petro expidió una nueva regulación sobre cómo se cobran el acueducto y alcantarillado para grandes prestadores, afectando a cerca de 30 millones de colombianos. El cambio incorpora criterios sociales y ambientales en el cálculo de tarifas, pero establece enfoques diferenciados que variarán según la ciudad y empresa. Los efectos reales en las facturas de los usuarios aún son inciertos.

Después de cinco años de trabajo técnico, el Gobierno Petro sacó adelante una nueva regulación que transformará cómo se cobran los servicios de agua y alcantarillado en el país. La Resolución CRA 1032 de 2026 llega con una promesa clara: que los usuarios paguen de acuerdo con la calidad real del servicio que reciben, en un esquema que coloca al ciudadano en el centro. Sin embargo, lo que en teoría suena justo se tropieza con una realidad más compleja una vez se mire en detalle.

El impacto directo alcanzará a cerca de 30 millones de personas, principalmente en las grandes ciudades donde operan empresas prestadoras que atienden más de 5.000 suscriptores. El nuevo modelo introduce cambios que no afectarán por igual a todos: las tarifas variarán según las condiciones operativas, territoriales y del prestador, lo que significa que un bogotano podría pagar diferente a un caleño por el mismo servicio. Esto abre la puerta a múltiples escenarios, dependiendo de dónde viva y cuál empresa le preste el servicio.

Uno de los cambios centrales es que el Derecho Humano al Agua pasa de ser un concepto abstracto a formar parte del cálculo concreto de lo que cuesta el servicio. Esto implica que las tarifas tendrán en cuenta accesibilidad, calidad, no discriminación y disponibilidad. Además, se incorporan explícitamente los costos de protección ambiental en la factura final. En términos sencillos: lo que antes era solo un asunto técnico ahora incluye consideraciones sociales y ambientales que probablemente se reflejen en lo que paga cada mes el usuario.

La ecuación, sin embargo, tiene otra cara. Las empresas prestadoras también tienen derechos: necesitan recursos suficientes para operar, invertir en infraestructura y mantener sostenible el servicio a largo plazo. Ese equilibrio entre lo que el usuario puede pagar y lo que la empresa necesita para funcionar es precisamente donde reside la tensión principal de esta nueva regulación.

El proceso incluyó participación de múltiples ministerios y organismos, además de una consulta pública que recibió más de 1.631 aportes de ciudadanos, empresas y académicos. El Gobierno argumenta que esto garantiza que el modelo responde a las realidades del país. Además, promete mecanismos de control más claros bajo supervisión de la Superintendencia de Servicios Públicos, lo que teóricamente debería mejorar la confianza en el sistema.

Pese a todo este andamiaje regulatorio, la incertidumbre persiste. La promesa de tarifas justas convive con preguntas sin respuesta definitiva sobre cómo se materializarán estos cambios en la factura real del agua que cada colombiano recibirá mes a mes. Por ahora, el esquema combina criterios económicos, sociales y ambientales para definir el precio del agua en Colombia, pero los efectos concretos en el bolsillo de los usuarios seguirán siendo un misterio hasta que las empresas comiencen a aplicar estas nuevas reglas.

Fuente original: Portafolio - Economía

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