Filósofa alerta: hemos pervertido la democracia con individualismo sin límites

Victoria Camps, catedrática de Filosofía Moral y Política, analiza cómo la tecnología y el consumismo han erosionado la confianza en instituciones y han fragmentado los vínculos sociales. Según ella, confundimos libertad con hacer lo que queramos sin pensar en los demás, y hemos perdido virtudes cívicas como el respeto mutuo. Camps advierte que la inteligencia artificial es un progreso, pero también limita nuestra libertad y refuerza comportamientos narcisistas que debilitan la vida democrática.
Victoria Camps, quien fue senadora española y presidenta de la Sección Séptima del Consejo de Estado, observa con preocupación cómo las sociedades modernas se han fragmentado. La filósofa explica que ya casi no confiamos en nada: "En casi nada. Confiamos en núcleos pequeños, en el núcleo familiar, en el núcleo de amigos. En la política es evidente que cada vez confiamos menos". Esta desconfianza se extiende a las instituciones que no cumplen expectativas, los bancos, las empresas de servicios, y se ha profundizado porque las relaciones personales ahora ocurren detrás de pantallas y máquinas.
El panorama se complica más con la inteligencia artificial, que Camps reconoce como un avance para la humanidad especialmente en medicina y cálculos. Sin embargo, advierte que esta tecnología "nos impone una manera de hacer las cosas" que afecta nuestro aprendizaje y libertad. El algoritmo nos condiciona sin que nos percatemos, limitando realmente qué podemos pensar y buscar. Camps critica que mientras estos sistemas avanzan, los gobiernos apenas logran regularlos adecuadamente.
Según la filósofa, el verdadero problema radica en cómo entendemos la libertad hoy. "Hemos llegado a unos extremos de libertad individualista egoísta, de entender la libertad como satisfacer solo los propios deseos, hacer lo que uno quiere mientras la ley se lo permita, es decir, no pensar en el otro". Esto contrasta con lo que ella llama libertad positiva: aquella que considera la mejora propia y colectiva al tomar decisiones. El individualismo sin freno ha desecho casi todos los lazos sociales, dejando especialmente vulnerables a personas mayores que viven en soledad no deseada.
Camps propone que la salida está en recuperar el respeto mutuo como virtud cívica fundamental. Esta palabra viene del latín respicere, "mirar dos veces", lo que significa detenerse realmente en el otro para escucharlo y reflexionar. Insiste en que los códigos éticos sin práctica no sirven de nada; lo difícil es vivirlos día a día.
Sobre las redes sociales, que fomentan agresividad inmediata, Camps sugiere que quizá lo mejor sea no usarlas, como ella hace. No estamos obligados a estar en todas partes ni a tener cada tecnología que nos ofrecen como supuesta necesidad. La educación de nuevas generaciones debería enfocarse menos en emociones y más en formar hábitos de pensamiento crítico: no se trata de solo preguntar "¿tú qué opinas?" sino de enseñar a razonar mejor y a hacer preguntas más adecuadas.
La filósofa termina reconociendo una contradicción incómoda: vivimos en la mejor época de la historia con derechos fundamentales reconocidos, sin esclavitud, con mujeres disfrutando de libertades impensables hace un siglo. Sin embargo, estamos furiosos, hartos de un mundo que no nos gusta. Hemos confundido progreso con la capacidad de satisfacer cada deseo instantáneamente, olvidando que la verdadera libertad requiere autolimitación y consideración por quien nos rodea.
Fuente original: El Tiempo - Vida