Estudio cuestiona si el ejercicio solo es suficiente para tratar la osteoartritis

Una revisión de 28 estudios clínicos con casi 13.000 pacientes encontró que los beneficios del ejercicio para la osteoartritis son limitados y de corta duración. El ejercicio mostró efectos pequeños en el dolor y la función, especialmente en rodilla, pero prácticamente ninguno en cadera. Los investigadores advierten que no debe ser el único tratamiento recomendado y sugieren decisiones compartidas entre médicos y pacientes.
Investigadores alemanes pusieron en tela de juicio la efectividad del ejercicio como tratamiento principal para la osteoartritis. La revisión, publicada en la revista RMD Open, analizó 28 ensayos clínicos que incluyeron casi 13.000 pacientes y evaluó cómo funciona el movimiento para aliviar esta enfermedad que afecta las articulaciones.
El ejercicio es recomendado sistemáticamente en las guías clínicas y promocionado ampliamente como el primer paso en el tratamiento de la osteoartritis. Sin embargo, los resultados de este análisis sugieren que sus beneficios reales son modestos. Cuando se comparó el ejercicio con placebo o sin tratamiento, mostró efectos pequeños sobre el dolor y la capacidad de realizar actividades físicas, particularmente en casos de osteoartritis de rodilla. Para la cadera, la evidencia indicó efectos prácticamente nulos.
Uno de los hallazgos más relevantes es que el ejercicio produce resultados similares a otros tratamientos no farmacológicos, medicamentos e incluso a procedimientos como la artroscopia (una cirugía mínimamente invasiva en las articulaciones). Sin embargo, cuando se compara con cirugías mayores como el reemplazo total de rodilla o cadera en pacientes con osteoartritis avanzada, el ejercicio resulta menos efectivo a largo plazo.
Los investigadores también advirtieron que los beneficios del ejercicio tienden a desaparecer con el tiempo. Las razones pueden incluir que muchos programas están diseñados para beneficios cortos, los pacientes dejan de seguir el tratamiento o la enfermedad misma fluctúa naturalmente.
Los autores señalan que hay gran variabilidad en los resultados entre los diferentes estudios, lo que dificulta hacer conclusiones generales. Esta inconsistencia podría deberse a diferencias en los tipos de ejercicio utilizados, las características de los pacientes estudiados o cómo fueron diseñados los ensayos.
Basándose en estos hallazgos, los investigadores recomiendan que el ejercicio no sea promovido de forma automática como el único tratamiento inicial para todos los pacientes. En su lugar, proponen que médicos y fisioterapeutas tomen decisiones junto con cada paciente, considerando sus preferencias personales, posibles riesgos, costos y otras opciones disponibles.
A pesar de sus limitaciones, el ejercicio mantiene ventajas. Tiene beneficios adicionales para la salud general y es de bajo costo, lo que lo mantiene como una opción válida para ciertos casos. Los autores enfatizan que se necesita investigación más rigurosa para identificar qué tipo de pacientes se benefician más del ejercicio y cómo funciona en diferentes fases de la enfermedad.
Fuente original: El Tiempo - Salud