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Colombia ve la salida del petróleo como reto económico, no solo ambiental

Fuente: El Tiempo - Vida
Colombia ve la salida del petróleo como reto económico, no solo ambiental
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En la conferencia sobre combustibles fósiles que se realiza en Santa Marta, expertos señalan que para Colombia la transición energética es primordialmente un asunto de supervivencia económica. Santiago Aldana, de la Fundación Heinrich Böll, advierte que mantener la dependencia del petróleo podría llevar al país a la quiebra, mientras que el debate nacional sigue marcado por desinformación. Colombia podría jugar un papel estratégico en esta transición global, siendo el primer país con más de 45 millones de habitantes en sumarse al Tratado de no Proliferación de Combustibles Fósiles.

Mientras el mundo discute cómo abandonar el petróleo, el gas y el carbón, Colombia enfrenta este desafío desde una perspectiva que pocas veces se menciona: no es principalmente un debate sobre salvar el planeta, sino sobre salvar la economía del país. Así lo plantea Santiago Aldana Rivera, coordinador de programas de ecología y clima de la Fundación Heinrich Böll, quien participa en la Primera Conferencia para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles que se realiza en Santa Marta entre el 24 y 29 de abril. "La transición no se está dando por el futuro climático ni por una agenda ambiental o de derechos humanos. En Colombia, esto es, sobre todo, una discusión sobre el futuro económico del país", señala Aldana.

Para el experto, esta conferencia representa una oportunidad histórica que el país no puede desaprovechar. Según su análisis, el petróleo y otros combustibles fósiles han prometido desarrollo durante décadas, pero esas promesas no se han cumplido. "Es una oportunidad coherente con la evidencia científica, pero también con la evidencia territorial", afirma. Aldana propone que de este encuentro internacional deberían surgir tres resultados clave: primero, la consolidación de países dispuestos a crear un tratado vinculante que regule la producción de combustibles fósiles, con mayor fuerza legal que las iniciativas voluntarias actuales. Segundo, conectar este debate con las agendas climáticas internacionales, especialmente la transición energética justa que se discutirá en la próxima COP31. Y tercero, abrir un debate serio en Colombia, donde hay mucha desinformación sobre el tema y posturas políticas ambiguas frente a la expansión de los combustibles fósiles.

Lo interesante es que Colombia podría jugar un papel estratégico en esta transición global. Aunque el país no domina los mercados petroleros mundiales, sí depende fuertemente de estos recursos. Y aquí está el punto central: mantener esa dependencia podría tener consecuencias graves. Aldana es claro al respecto: quienes retrasan o desinforman sobre la transición "están sentenciando al país a su quiebra". No se trata solo de pérdida de competitividad o de activos varados cuando el mundo se pase a energías limpias. El impacto llegaría directamente al bolsillo de la gente, con más pobreza y presión sobre las clases medias.

De hecho, Colombia ya ha tomado una posición pionera: es el primer país con más de 45 millones de habitantes en sumarse al Tratado de no Proliferación de Combustibles Fósiles, una iniciativa que hasta ahora había sido impulsada principalmente por pequeñas naciones insulares del Caribe que sufren directamente los efectos del cambio climático. Estos países, que enfrentan el aumento del nivel del mar y otros impactos severos, son justamente quienes han puesto los temas más ambiciosos sobre la mesa en las negociaciones internacionales.

Pero el panorama no es completamente optimista. Aldana advierte que el contexto político global actual, con el avance de sectores que quieren expandir los combustibles fósiles, podría frenar estos esfuerzos. Además, existen tensiones geopolíticas complejas: "Esto obliga a pensar qué significa para las relaciones con potencias como Estados Unidos, China o los países del Medio Oriente". A pesar de estos obstáculos, el experto insiste en que el debate debe continuar. Y ofrece un argumento que va más allá de consideraciones ambientales: "Esto no es una discusión ideológica. Es una discusión sobre el futuro económico del país. Incluso quienes no están interesados en el ambiente deberían preguntarse cuánto les va a costar no hacer la transición".

Fuente original: El Tiempo - Vida

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