Colombia tiene 1,8 millones de analfabetas y la lucha contra este problema está estancada

Un estudio de la Universidad Javeriana reveló que en Colombia hay más de 1,8 millones de personas que no saben leer ni escribir, cifra que representa el 4 por ciento de la población. Aunque el país ha avanzado significativamente en los últimos 60 años, desde 2018 la reducción del analfabetismo se ha desacelerado dramáticamente. Las mayores disparidades se encuentran entre zonas rurales y urbanas, donde el campo tiene una tasa 3,6 veces más alta.
Colombia enfrenta un problema persistente de analfabetismo que afecta a más de 1,8 millones de personas mayores de 10 años. De acuerdo con un análisis del Laboratorio de Economía de la Educación de la Universidad Javeriana, basado en datos del Dane de 2025, esta cifra equivale al tamaño total de la población de Norte de Santander, lo que refleja la magnitud real del desafío educativo del país.
Aunque a primera vista el 4 por ciento de analfabetismo pueda parecer una cifra residual, los investigadores advierten sobre un fenómeno preocupante: la desaceleración. Entre 2018 y 2025, la tasa apenas bajó un punto porcentual, pasando del 5 por ciento al 4 por ciento. Esto contrasta dramáticamente con los avances de las seis décadas anteriores, cuando el analfabetismo pasó del 27,1 por ciento en 1964 al 5 por ciento en 2018. Según el informe del Laboratorio, esta ralentización "sugiere que el país se enfrenta a un núcleo duro de analfabetismo estructural, concentrado en poblaciones y territorios que no son alcanzados eficazmente por las estrategias convencionales de alfabetización".
Las disparidades regionales son alarmantes. La Guajira lidera con 13,4 por ciento de analfabetismo, mientras San Andrés apenas alcanza 0,7 por ciento. Otros departamentos con tasas críticas incluyen Chocó (12,4 por ciento), Sucre (9,9 por ciento) y Córdoba (8,8 por ciento). Bogotá, por su parte, registra solo 1,2 por ciento. Gloria Bernal, directora del Laboratorio, enfatiza que "las cifras nacionales promedio esconden disparidades territoriales, sociales y poblacionales que exigen análisis desagregados. Leer y escribir son la base del aprendizaje; es fundamental focalizar esfuerzos en el desarrollo de estas habilidades esenciales".
La brecha más dramática existe entre el campo y la ciudad. En las cabeceras municipales la tasa es del 2,6 por ciento, pero en zonas rurales sube al 9,3 por ciento. Esto significa que una persona que vive en el campo tiene 3,6 veces más probabilidad de ser analfabeta que alguien en la ciudad. Según Bernal, esta inequidad es resultado acumulado de "décadas de subinversión en infraestructura educativa rural, de la dificultad de retención docente en zonas de difícil acceso, de los efectos del conflicto armado sobre la continuidad escolar en territorios históricamente abandonados, y de modelos pedagógicos diseñados predominantemente para contextos urbanos".
El acceso limitado a educación es la raíz del problema. El 96 por ciento de los analfabetas manifestaron no haber tenido ningún contacto con el sistema educativo en sus vidas. Solo el 3 por ciento alcanzó algún grado de básica primaria, mientras que menos del 1 por ciento completó preescolar.
Los investigadores proponen varias medidas urgentes: focalizar territorialmente las intervenciones; crear modelos pedagógicos flexibles para adultos mayores del campo; integrar enfoques de discapacidad en programas de alfabetización; fortalecer la pertinencia cultural para pueblos étnicos; reconocer al campesinado como actor central de las políticas, y abordar brechas de género con estrategias territorialmente diferenciadas. Bernal subraya que "una reforma rural integral no puede prescindir de una política agresiva y sostenida de alfabetización y educación de adultos en el campo".
Fuente original: El Tiempo - Vida