Colombia alberga cinco de las siete ecorregiones más amenazadas de América tropical, advierte estudio

Una investigación internacional publicada en el Journal of Biogeography revela que Colombia concentra cinco de las siete ecorregiones forestales más vulnerables del continente debido a la combinación simultánea de cambio climático, deforestación e incendios. El estudio, realizado por investigadores de universidades europeas y colombianas, analiza 60 años de datos climáticos y más de dos décadas de registros satelitales. Los científicos alertan que la posible llegada de El Niño en 2026 podría agravar significativamente la crisis ambiental en el país.
A pocos días del Día de la Tierra, un nuevo estudio científico coloca a Colombia en el punto de mira de la crisis ambiental en América tropical. La investigación, publicada en la revista especializada Journal of Biogeography, concluye que el país alberga cinco de las siete ecorregiones forestales más amenazadas de toda la región. Lo preocupante no es que enfrente una única amenaza, sino que estas zonas están expuestas simultáneamente al cambio climático, la deforestación y los incendios, una combinación que los investigadores llaman "exposición compuesta".
El estudio fue desarrollado por un equipo internacional liderado por Andrés González-González y Juan Fernández-Manjarrés de la Universidad Paris-Saclay en Francia, junto con Benjamin Quesada y Nicola Clerici de la Universidad del Rosario en Bogotá. Para llegar a estas conclusiones, los científicos examinaron 60 años de datos climáticos y más de veinte años de registros satelitales de pérdida de bosques en 150 ecorregiones de América Central y del Sur. El enfoque único de esta investigación fue evaluar de manera conjunta tres factores críticos: la variabilidad climática provocada por fenómenos como El Niño y La Niña, las tasas de deforestación y la pérdida de cobertura forestal por incendios.
Entre las ecorregiones identificadas como de mayor riesgo están los bosques húmedos del Catatumbo y Magdalena-Urabá, los bosques montanos de la Cordillera Oriental y del valle del Magdalena, y los bosques secos del Patía. También se incluyen los bosques secos de Apure-Villavicencio y de Maracaibo, que se extienden por territorio compartido entre Colombia y Venezuela. En total, estas siete ecorregiones cubren más de 372.000 kilómetros cuadrados, una extensión comparable con la de países como Japón o Noruega. El Catatumbo se destaca como particularmente crítico, pues además de enfrentar presión climática, sufre el impacto del conflicto armado y el abandono institucional que agravian su fragilidad ecológica.
Según Benjamin Quesada, climatólogo y coautor del estudio, "Lo que revela este estudio es que varias ecorregiones en Colombia están expuestas a múltiples presiones climáticas y ambientales de manera simultánea; esto cambia completamente la escala del problema y obliga a priorizar estos territorios en las agendas de adaptación y conservación". La advertencia adquiere mayor urgencia ante la posible llegada de El Niño entre junio y agosto de 2026. Según la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica, existe más de un 60 por ciento de probabilidad de que este evento ocurra, lo que podría traer lluvias irregulares, temporadas más secas en algunas regiones y aumento de temperaturas globales.
Aunque un "súper El Niño" no es el escenario más probable, los científicos advierten que incluso un episodio moderado o fuerte podría ser devastador si se combina con las presiones actuales. Quesada señala que "un fenómeno de El Niño muy fuerte a finales de 2026 traería consecuencias muy graves para el agua, la agricultura y la ocurrencia de desastres climáticos en Colombia; se sumaría a la presión creciente del cambio climático y de los incendios forestales".
El estudio también destaca ecosistemas estratégicos como los páramos y glaciares, fundamentales para la regulación del agua. La Sierra Nevada de Santa Marta registró uno de los índices de exposición térmica más altos del continente, comparable con zonas altamente afectadas de la Amazonia. Los investigadores subrayan que Colombia, reconocida como uno de los países más biodiversos del mundo, enfrenta riesgos no solo para sus ecosistemas, sino también para servicios esenciales como el suministro de agua, la productividad agrícola y la estabilidad frente a desastres naturales.
El llamado de la comunidad científica es contundente: los resultados deben traducirse en acciones concretas. Las ecorregiones identificadas como críticas deben priorizarse en las agendas de conservación, adaptación al cambio climático y ordenamiento territorial del país. Las estrategias deben integrar la reducción de la deforestación, la prevención de incendios y el fortalecimiento institucional en los territorios más vulnerables, con el propósito de evitar que la convergencia de estos factores derive en crisis ambientales de mayor magnitud.
Fuente original: El Tiempo - Vida