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Caquetá, Vichada y Mesetas apuestan por el turismo para sanar heridas del conflicto

Fuente: El Tiempo - Vida
Caquetá, Vichada y Mesetas apuestan por el turismo para sanar heridas del conflicto
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Tres departamentos que fueron epicentro del conflicto armado en Colombia buscan transformar su economía a través del turismo comunitario y ecoturismo. Desde emprendimientos locales hasta iniciativas indígenas, estas regiones intentan romper el estigma de inseguridad que las ha marcado históricamente. Sin embargo, enfrentan desafíos como la baja percepción de seguridad entre viajeros potenciales y la recesión del turismo interno en el país.

Durante décadas, Caquetá fue sinónimo de conflicto armado. Ubicado entre los Andes y la Amazonía, este departamento fue escenario de enfrentamientos entre grupos guerrilleros, paramilitares y organizaciones criminales. Las noticias que llegaban a los medios nacionales hablaban de violencia, desplazamiento y zozobra. Hoy, aunque esa realidad persiste en menor medida, las comunidades locales trabajan en reescribir esa historia.

La apuesta es el turismo. Especialmente el que incorpora a la gente del territorio como protagonista. Blaismir González Quiñones, integrante de la mesa departamental de turismo del Caquetá, explica que uno de los mayores retos es la percepción negativa que existe entre quienes nunca han visitado la región. "Somos considerados uno de los departamentos con logo rojo de Colombia, pero toda la apuesta al sector que se ha venido haciendo desde el año pasado con el VII Encuentro Acotur atrajo a empresarios para que vieran la historia que aún no se ha contado", señala.

La oferta turística de Caquetá se estructura en cuatro rutas principales, incluyendo el Parque Nacional Chiribiquete, que alberga una de las galerías de arte rupestre más importantes del mundo. Hay más de 70 actividades disponibles en los nueve municipios sobre la cordillera oriental, desde aventura en ríos y cascadas hasta visitas a lugares como la Cueva de Colores. Diana María Avendaño, fundadora de Caquetá for You, retornó en 2023 después de vivir en el exterior. Como víctima de la violencia que creció en un ambiente de zozobra, ahora ofrece experiencias de bienestar combinando su profesión de psicóloga con la naturaleza. "La guerra deja muchas heridas en lo individual y colectivo, pero aun así los caqueteños somos personas muy amables, directas y, como buenos calentanos, bailamos muy bien", expresa.

Vichada e Mesetas protagonizan historias similares. En Vichada, el etnoturismo destaca con comunidades indígenas como los Sikuani, Piapoco y Amorúa que comparten tradiciones, gastronomía y artesanías. El Parque Nacional Natural El Tuparro y el río Orinoco ofrecen experiencias de pesca deportiva y avistamiento de fauna. En Mesetas, ubicado al norte del Parque Nacional Natural Sierra de La Macarena, iniciativas como el portafolio "Mesetas biodiverso" involucran a madres cabeza de hogar en proceso de sustitución de cultivos ilícitos, firmantes del Acuerdo de Paz y víctimas del conflicto. Arbey Barrios, vocero de la Corporación Juvenil Camaxagua, reconoce que eliminar el estigma es difícil: "Hoy en día los viajeros aún desconfían un poco de esos lugares porque piensan que son muy inseguros. Sin embargo, con el voz a voz cada vez más nos visitan".

El panorama nacional complica aún más los esfuerzos locales. Según la Encuesta de Gasto Interno en Turismo (EGIT), solo el 11,3 por ciento de las personas en 24 ciudades y áreas metropolitanas realizó turismo interno en 2024, una caída de 3,3 puntos porcentuales frente a 2023. La falta de tiempo y factores económicos son las principales razones. Expertos señalan que el problema no es que a los colombianos no les guste el país, sino que Colombia no tiene una estrategia doméstica sólida de promoción turística. Gilberto Salcedo, expresidente de la Asociación del Transporte Aéreo en Colombia, explicó hace unos meses que "Colombia no se está vendiendo bien a sí misma y eso es más grave de lo que parece".

A pesar de estos obstáculos, el optimismo predomina en el terreno. Las comunidades ven en el turismo comunitario una oportunidad genuina para transformar sus territorios y economías. Si bien aún hay trabajo por hacer en infraestructura, capacitación y conectividad, los emprendedores y líderes locales mantienen convicción de que estos destinos pueden convertirse en motores económicos reales para regiones que históricamente han sido olvidadas por el Estado y estigmatizadas por la violencia.

Fuente original: El Tiempo - Vida

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