Cambios en la conducta pueden alertar sobre demencia años antes de los olvidos

La demencia no siempre comienza con fallas de memoria. Los especialistas advierten que alteraciones en el comportamiento como apatía, irritabilidad, desconfianza o percepciones extrañas pueden aparecer incluso años antes. Detectar estas señales después de los 50 años es crucial para intervenciones tempranas. Conocer cómo responder ante estos cambios y adaptar la comunicación mejora la calidad de vida de pacientes y cuidadores.
Cuando hablamos de demencia, la mayoría piensa en olvidos frecuentes o pérdida de memoria. Sin embargo, los médicos advierten que esta enfermedad puede manifestarse primero a través de cambios inesperados en la forma de actuar y comportarse. En algunos casos, estas alteraciones de conducta aparecen mucho antes de que se detecten problemas claros en la memoria.
Los cambios pueden ser bastante variados. Una persona puede volverse desconfiada sin razón, afirmar que ve u oye cosas que no existen, o mostrarse irritable ante situaciones que antes toleraba con calma. Historias como la de un adulto mayor que comenzó a asustarse fácilmente durante actividades cotidianas o que juraba ver a alguien en casa cuando estaba solo ilustran cómo estas conductas pueden aparecer mucho antes del diagnóstico formal.
Los especialistas identifican cinco señales de alerta. La apatía se ve cuando la persona pierde interés en actividades que disfrutaba, se aísla de amigos y familia o muestra menos curiosidad. La desregulación afectiva implica cambios en el estado de ánimo como tristeza permanente o ansiedad excesiva. La falta de control de impulsos se manifiesta en irritabilidad, agresividad o dificultad para moderarse. La inadecuación social aparece cuando alguien pierde el criterio sobre qué es apropiado decir o hacer en cada situación. Finalmente, las percepciones anormales incluyen sospechas infundadas o la sensación de que alguien intenta robar o dañar.
Antes de asumir que se trata de demencia, es fundamental consultar con un profesional de la salud que descarte otras causas posibles: efectos secundarios de medicamentos, infecciones, estrés intenso o reaparición de trastornos psiquiátricos anteriores.
Cuando estos cambios se presentan, los expertos aconsejan no entrar en discusiones complicadas ni intentar razonar intensamente. Lo mejor es hablar con calma, reconocer las emociones de la persona y redirigir su atención hacia otras actividades. Una estrategia efectiva es validar lo que siente detrás del comportamiento y acompañarlo emocionalmente. También es importante no poner a prueba su memoria ni corregir constantemente sus errores.
La comunicación debe adaptarse. Usar frases cortas, instrucciones simples, mantener contacto visual y un tono calmado transmite seguridad. A medida que avanza la condición, la persona puede olvidar palabras o repetir frases, así que el cuidador debe ofrecer información de forma natural sin insistir en correcciones.
Finalmente, los especialistas recuerdan que cuidar a una persona con demencia exige esfuerzo físico y emocional considerable. Los cuidadores deben buscar apoyo, compartir responsabilidades con familiares o profesionales, y participar en grupos de apoyo cuando sea posible. Esto no es un lujo sino una necesidad para mantener la calidad de vida de todos en el proceso.
Fuente original: El Tiempo - Salud