Una de cada seis infecciones bacterianas ya resiste antibióticos: Colombia enfrenta crisis sanitaria

La resistencia a antibióticos se convirtió en una amenaza real y no solo teórica. En el mundo, el 16 % de las infecciones bacterianas ya no responden a los tratamientos estándar, causando millones de muertes. En Colombia, cerca de 4.700 personas mueren anualmente por infecciones resistentes. El uso inadecuado de medicamentos y las fallas en hospitales aceleran el problema, especialmente en las unidades de cuidados intensivos.
Lo que alguna vez fue considerado uno de los triunfos más importantes de la medicina moderna está perdiendo potencia. Los antibióticos, medicamentos que revolucionaron el tratamiento de infecciones bacterianas, enfrentan hoy un enemigo invisible pero creciente: bacterias que han aprendido a resistirse a ellos.
La cifra es preocupante. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, en 2023 el 16 % de las infecciones bacterianas en el mundo presentaron resistencia a los antibióticos. Para ponerlo en perspectiva, eso significa una de cada seis infecciones. En 2019, la resistencia antimicrobiana fue responsable directa de 1,27 millones de muertes a nivel global y estuvo vinculada a 4,95 millones adicionales. El problema ya no es una proyección futura, sino un desafío sanitario en desarrollo.
En Colombia, la situación es igualmente preocupante. Se estima que cerca de 4.700 muertes anuales fueron directamente atribuibles a infecciones resistentes en 2019, mientras que más de 18.000 estuvieron asociadas a este fenómeno. Aunque el país cuenta con un Plan Nacional de Respuesta frente a la resistencia antimicrobiana, persisten desafíos importantes en su aplicación, especialmente en hospitales públicos de alta complejidad.
La resistencia ocurre cuando las bacterias desarrollan mecanismos para sobrevivir a los medicamentos diseñados para eliminarlas. Este proceso natural se ha acelerado por culpa del uso inadecuado de antibióticos. Muchas personas los consumen sin necesidad clínica, interrumpen sus tratamientos antes de lo recomendado o no completan las dosis indicadas. A esto se suma la debilidad en los programas de prevención y control de infecciones en los hospitales.
Las consecuencias trascienden la medicina. Procedimientos quirúrgicos de rutina se vuelven más riesgosos, los tratamientos del cáncer enfrentan complicaciones mayores y las estancias hospitalarias se prolongan. Los sistemas de salud asumen costos significativamente más altos. Incluso el Banco Mundial advierte que si la propagación de estas infecciones continúa sin control, podrían reducir el Producto Interno Bruto mundial hasta un 3,8 % anual hacia 2050.
Las Unidades de Cuidados Intensivos son escenarios particularmente críticos. Allí convergen pacientes altamente vulnerables, uso masivo de antibióticos y condiciones que favorecen la propagación de bacterias resistentes. Entre las más peligrosas están aquellas resistentes a carbapenémicos, antibióticos considerados de última línea. Tras la pandemia de covid-19, se observó un aumento en la frecuencia de estas bacterias y mayor diversidad de genes que les confieren resistencia.
Frente a esta amenaza, expertos insisten en la necesidad de fortalecer la articulación entre investigación, práctica clínica y políticas públicas. Se realizan iniciativas como el XVII Simposio Internacional de Resistencia Antimicrobiana, llevado a cabo entre el 18 y 20 de marzo en Barranquilla, donde expertos nacionales e internacionales analizaron avances en vigilancia, control de infecciones y uso racional de medicamentos. El consenso es claro: es urgente fortalecer las capacidades institucionales, especialmente en hospitales complejos, antes de que el fenómeno continúe escalando y revierta décadas de avances médicos.
Fuente original: El Tiempo - Salud