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Subfertilidad en yeguas: cómo la biotecnología recupera millones en producción equina

Fuente: Agronegocios - Finca
Subfertilidad en yeguas: cómo la biotecnología recupera millones en producción equina
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La subfertilidad equina puede reducir la productividad de una yegua hasta 80 por ciento, afectando gravemente la rentabilidad de los criaderos. Ante esto, técnicas como transferencia de embriones y métodos más avanzados como Icsi permiten aumentar la producción de crías de una a cuatro o seis por año. Sin embargo, estos procedimientos implican costos entre 800 mil y 25 millones de pesos por intento, limitando su acceso según el valor genético del animal.

En la industria equina colombiana, pocos factores impactan tanto la rentabilidad como la capacidad reproductiva de las yeguas. Bajo condiciones normales, una hembra debería parir una cría cada 12 a 14 meses, lo que mantiene estable el flujo de ingresos del criadero. Pero cuando surgen problemas de subfertilidad, ese ciclo se interrumpe de manera dramática: la productividad puede caer hasta 80 por ciento, transformando lo que debería ser un negocio predecible en una fuente de pérdidas constantes.

La subfertilidad equina no es un problema único, sino que responde a múltiples causas. Según explica Alejandro García, representante de los veterinarios en el Comité Técnico de Fedequinas, detrás de estos problemas reproductivos hay infecciones bacterianas y fúngicas que se vuelven crónicas, además de desórdenes hormonales y condiciones anatómicas que se presentan especialmente en yeguas de mayor edad. El panorama se complica porque cada una de estas situaciones requiere enfoques distintos.

Afortunadamente, el sector equino no ha permanecido pasivo. Los tratamientos iniciales, como lavados uterinos y terapias hormonales, constituyen la primera línea de atención y tienen costos más accesibles. "Las técnicas de lavado uterino y los tratamientos hormonales son la atención primaria en los problemas de subfertilidad", señala Lucas Echeverry, propietario del Criadero Dos Aguas. Pero cuando estas intervenciones no funcionan, entran en juego herramientas más sofisticadas.

La transferencia de embriones es probablemente la biotecnología reproductiva más masificada en Colombia desde comienzos de los años 2000. El método funciona así: se extraen óvulos de la yegua subfértil, se fertilizan y el embrión resultante se implanta en una yegua receptora. El impacto es inmediato: una yegua puede pasar de producir una sola cría al año a generar entre cuatro y seis embriones en el mismo período. Sin embargo, la efectividad tiene límites. Echeverry advierte que "es una técnica que ronda 40% de efectividad en cría viva", lo que significa que muchos ciclos terminan sin resultado.

Ante estas limitaciones surgió el Icsi, una técnica importada de la medicina humana que realiza la fecundación completamente en laboratorio. En lugar de dejar que el espermatozoide fecunde naturalmente, se inyecta un único espermatozoide dentro del óvulo. "Es una técnica que viene de la medicina humana y que permite trabajar incluso con problemas de fertilidad más complejos", explica Echeverry. Los resultados son más prometedores: García señala que alcanza tasas de efectividad de hasta 50%, y una sola sesión de aspiración folicular puede generar entre 8 y 10 gestaciones o más, comparado con uno, dos o tres embriones mediante transferencia convencional.

El obstáculo principal es el costo. Mientras los lavados uterinos dependen del número de intervenciones requeridas, cada intento de transferencia de embriones oscila entre 800 mil y 1 millón de pesos. En contraste, técnicas como Icsi representan una inversión de hasta 25 millones de pesos por embrión, lo que las reserva exclusivamente para yeguas de altísimo valor genético. Esta barrera económica explica por qué la adopción masiva de estos métodos avanzados sigue siendo lenta en el sector. Los expertos consultados coinciden en que, más allá de los avances tecnológicos, la verdadera solución depende también de factores estructurales dentro de cada criadero, donde el manejo general del animal sigue siendo determinante.

Fuente original: Agronegocios - Finca

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