Starmer se aferra al poder pese a derrota histórica del Laborismo en Reino Unido

El primer ministro británico Keir Starmer rechazó renunciar tras las elecciones locales del 7 de mayo, donde su Partido Laborista sufrió pérdidas históricas mientras que el partido antiinmigración Reform UK de Nigel Farage arrasó en territorios tradicionales laboristas. El Laborismo perdió casi 1.400 concejales y el control de 33 municipios, mientras Reform ganó casi 1.500 ediles. Los analistas señalan que los votos reflejaron un voto de protesta de ciudadanos defraudados por el incumplimiento de promesas económicas y afectados por la crisis del costo de vida.
En una jornada de resultados devastadores para su gobierno, el primer ministro británico Keir Starmer se mantuvo firme en su cargo el viernes 8 de mayo. Las elecciones locales del día anterior habían pintado un panorama sombrío para el Partido Laborista, que sufrió lo que muchos analistas calificaron como una derrota histórica. Starmer reconoció sin rodeos que "los resultados son duros, muy duros, y no hay forma de suavizarlos", pero enfatizó que "no iba a abandonar y sumir al país en el caos".
Las cifras hablan de un retroceso significativo. El Laborismo perdió casi 1.400 concejales locales y el control de 33 municipios en toda Inglaterra. En Gales, la situación fue aún más grave: por primera vez desde que se descentralizó el poder hace 27 años en 1999, el Partido Laborista perdió el control del Gobierno autónomo. Su líder regional incluso perdió su propio escaño. Durante un siglo, los laboristas habían dominado la política galesa, pero en estos comicios obtuvieron apenas nueve escaños frente a los 43 del partido nacionalista Plaid Cymru.
El gran ganador de la jornada fue Reform UK, el partido de extrema derecha liderado por Nigel Farage. La formación emergente, que lleva más de un año encabezando las encuestas nacionales, ganó casi 1.500 concejales y tomó el control de 13 territorios, varios de ellos bastiones que históricamente pertenecían al Laborismo en el norte postindustrial. Farage celebró lo que llamó un "cambio verdaderamente histórico en la política británica", asegurando que había derribado tanto el "muro rojo" de las fortalezas laboristas como el "muro azul" de los feudos conservadores, refiriéndose a sus victorias en Essex, donde los conservadores habían dominado por largo tiempo.
Lo que emerge del voto es una fragmentación sin precedentes en la política británica. Los Verdes también ganaron terreno significativo, sumando casi 400 concejales más y tomando el control de varios ayuntamientos bajo el liderazgo de Zack Polanski. El analista electoral John Curtice interpretó que los votantes de Reform eran "en general personas con una visión relativamente conservadora en lo social" que habían "perdido la confianza en los partidos tradicionales mayoritarios". Una votante de 75 años de North Yorkshire lo expresó claramente: los británicos utilizaron la jornada como "un voto de protesta claro" porque "depositaron su confianza en el Partido Laborista y les han defraudado".
El contexto del descontento es económico. Hace apenas dos años, el Laborismo arrasó en las elecciones generales con promesas de crecimiento y cambio. Sin embargo, no ha logrado cumplir con ese crecimiento prometido y se ha visto sacudido por errores políticos y escándalos. Mientras tanto, los británicos siguen enfrentándose a una crisis del costo de vida que se prolonga, lo que ha beneficiado a partidos insurgentes como Reform UK que canalizan la frustración hacia temas como la inmigración.
En Escocia, el Partido Nacional Escocés (SNP) no logró la mayoría pero se mantuvo como la fuerza dominante para encabezar el gobierno autónomo por quinto mandato consecutivo. Los conservadores, bajo el liderazgo de Kemi Badenoch, también sufrieron pérdidas significativas, perdiendo más de 500 concejales y seis municipios.
Aunque Starmer enfrenta presión constante de opositores que reclaman su renuncia, la falta de un líder alternativo claro dentro del Laborismo ha reducido el peligro inmediato de una destitución. No obstante, Farage ya predice que el primer ministro será destituido en cuestión de meses. Lo cierto es que estos comicios revelaron un electorado británico profundamente descontento y dispuesto a castigar a los partidos establecidos.
Fuente original: France 24 - Europa



