Por qué Venezuela experimenta cientos de réplicas tras el doble terremoto del 24 de junio

Un doble terremoto de magnitudes 7.2 y 7.5 devastó Venezuela el 24 de junio, dejando 920 muertos y más de 200 réplicas registradas. Según un geólogo, las réplicas ocurren porque la corteza terrestre libera energía acumulada durante años en forma de ondas secundarias. El carácter superficial del sismo, a solo 13 kilómetros de profundidad, aumentó su potencial destructivo, y los movimientos continuarán varios días mientras se estabiliza el área.
Venezuela sigue contabilizando los daños tras el devastador doble terremoto que sacudió el país la tarde del 24 de junio. Según confirmó la presidenta encargada Delcy Rodríguez, el balance incluye 920 muertos y 3.360 heridos, además de ciudades con zonas completamente destruidas y edificios colapsados. Lo que ha inquietado a la población es la continuidad de movimientos telúricos: desde entonces se han registrado 214 réplicas.
Para entender por qué ocurren tantas réplicas después de un terremoto principal, EL TIEMPO consultó al geólogo colombiano Jonathan Ortiz. Según explicó, una réplica sucede "cuando una falla geológica puede liberar energía en dos segmentos distintos o un evento puede terminar desencadenando el otro". En este caso, lo que experimentó Venezuela fue primero un sismo de magnitud 7.2, seguido inmediatamente por otro de 7.5. Aunque pareciera que el segundo es una réplica del primero, en realidad se trata de un doble sismo: dos eventos sísmicos distintos que ocurrieron casi simultáneamente en dos segmentos diferentes de una falla geológica.
Lo que hace particularmente peligroso este evento es su profundidad. El epicentro ocurrió a apenas 13 kilómetros bajo tierra, lo que los geólogos consideran poco profundo. "Cuando un sismo es poco profundo significa que está atribuido a fallas geológicas", explicó Ortiz. El terremoto sucedió en la zona donde convergen la Placa del Caribe y la Placa Sudamericana, específicamente en fallas como la del Pilar y la de Voronó, donde se libera la mayor cantidad de energía acumulada.
Ortiz utilizó una analogía para explicar las réplicas: así como una gota de agua que cae en una superficie tranquila genera un impacto inicial seguido de ondas concéntricas que se propagan alrededor, el movimiento sísmico actúa de manera similar. La fractura de la corteza terrestre libera una inmensa cantidad de energía a través de ondas primarias (lo primero que se siente), y luego vienen las ondas secundarias, esos reajustes posteriores en el subsuelo que experimentamos como réplicas.
El verdadero peligro radica en la combinación de magnitud alta y profundidad baja. "Cuando los sismos son de magnitud alta pero de profundidad baja, esto aumenta la probabilidad de un mayor potencial destructivo", señaló el geólogo. Esto ocurre porque la energía no se disipa en las profundidades de la tierra, sino que se despliega por toda la corteza y sobre ella, donde se encuentran las edificaciones que habita la población.
Aunque la población teme que las réplicas continúen indefinidamente, Ortiz aclaró que este es un proceso natural y predecible en duración, aunque no en ocurrencia específica. "Es esperable que una liberación de energía pueda tener réplicas que duren varios días", explicó. Estos movimientos persistirán hasta que la corteza libere toda la energía acumulada y el área se estabilice tectónicamente. Sin embargo, el especialista fue enfático en un punto importante: ningún terremoto o réplica puede predecirse. "Nosotros estamos en un planeta dinámico y los fenómenos naturales son totalmente impredecibles. No podemos predecir cuándo van a ocurrir", concluyó Ortiz.
Fuente original: El Tiempo - Vida