Las inyecciones para bajar de peso transforman la canasta familiar: menos dulces, más proteína

Un estudio de BCG revela que los medicamentos GLP-1 no solo cambian los hábitos alimentarios de quienes los usan, sino que modifican las compras de todo el hogar. Los usuarios aumentan su gasto en frutas, verduras y proteína mientras reducen consumo de alcohol, chocolate y golosinas. El dinero ahorrado en comida se redistribuye hacia tratamientos, ahorros y otras categorías como belleza y moda, con impacto proyectado hasta 2030.
Cuando alguien comienza un tratamiento con medicamentos GLP-1 para controlar el peso, no es solo su plato lo que cambia. Toda la familia termina comiendo diferente. Así lo reveló una investigación de BCG Center for Customer Insight que encuestó a más de mil 500 usuarios en nueve mercados alrededor del mundo. Los hallazgos muestran que estos fármacos están transformando patrones de consumo que van mucho más allá de la dieta.
El impacto en la cocina es notable. Aproximadamente siete de cada diez usuarios reportó que otros miembros de su hogar también modificaron su alimentación como consecuencia del tratamiento. Los cambios son claros en los números: el gasto en frutas y verduras aumentó 15 por ciento, la compra de carnes y proteínas subió 11 por ciento y los alimentos ricos en fibra y granos integrales crecieron 10 por ciento. En el lado opuesto, el alcohol disminuyó 11 por ciento, el chocolate bajó también 11 por ciento y las golosinas cayeron 14 por ciento.
Lo curioso es que esta nueva lógica de compra no responde solo a las restricciones del medicamento. Según BCG, el 37 por ciento de los usuarios ahora elige productos por su contenido nutricional antes que por marcas o presentaciones premium. Como lo explicó Alfonso Astudillo, ejecutivo de BCG, "Lo que vemos es un consumidor más atento a la función, con foco en proteína, fibra y porciones más cuidadas. Y el punto clave es la diversidad. Hay quienes lo viven como una optimización de estilo de vida, otros como manejo de enfermedad y otros como transformación estética".
El dinero que antes se gastaba en alimentos se redistribuye de formas interesantes. Un tercio financia el costo del tratamiento con GLP-1, otro tercio va a ahorros e inversiones y el tercio restante se destina a otras compras. Esta reasignación proyecta un escenario importante: el gasto en indumentaria, calzado, belleza y cuidado personal podría más que duplicarse hacia 2030.
El estudio de BCG identificó cuatro perfiles distintos entre los usuarios. Los más numerosos son los "optimizadores del estilo de vida" que representan 41 por ciento y construyen rutinas de bienestar alrededor del tratamiento. Luego están los "gestores de la enfermedad" con 27 por ciento que usan el medicamento como parte del manejo de una condición médica. Un 19 por ciento son "transformadores estéticos" enfocados en belleza y cuidado personal, mientras que 13 por ciento son los "comprometidos al cien por ciento" que reorganizan múltiples aspectos de su vida.
No todos mantienen el tratamiento de forma continua. Cerca de 60 por ciento de quienes lo suspendieron tiene intención de retomarlo, pero lo relevante es que los cambios de comportamiento no desaparecen completamente. Entre 20 y 40 por ciento de las prácticas de bienestar como ir al gimnasio, consumir suplementos o mantener rutinas de cuidado personal persisten incluso después de dejar el medicamento. Para las empresas, esto significa que estos consumidores no son un grupo homogéneo: deben adaptar sus estrategias a diferentes motivaciones y entender que los cambios trascienden la cocina de un hogar.
Fuente original: El Tiempo - Salud