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Por qué nuestro cerebro es vulnerable a las adicciones en tiempos de abundancia

Fuente: El Tiempo - Salud
Por qué nuestro cerebro es vulnerable a las adicciones en tiempos de abundancia
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La psiquiatra Anna Lembke explica que el acceso constante a estímulos intensos (drogas, alcohol, tecnología) altera la dopamina, el neurotransmisor del placer. Nuestro cerebro evolucionó en escasez, pero ahora enfrenta un mundo de exceso que intensifica el consumo compulsivo. Abstenerse durante al menos cuatro semanas puede ayudar a restaurar el equilibrio natural del sistema de recompensa.

En la época actual, cuando prácticamente todo está al alcance de la mano, el cerebro humano enfrenta un reto para el que nunca fue diseñado: la sobreabundancia de estímulos. Esto explica por qué las adicciones, tanto a sustancias como a ciertos comportamientos, se han convertido en un problema de salud cada vez más frecuente.

El mecanismo detrás de todo esto tiene que ver con la dopamina, un mensajero químico en el cerebro que regula la motivación, el placer y la sensación de recompensa. Normalmente, este sistema funciona asociando experiencias agradables con acciones específicas, lo que nos impulsa a repetirlas. Pero cuando este equilibrio se rompe, aparecen los patrones de consumo compulsivo.

Anna Lembke, psiquiatra y directora médica de Medicina de las Adicciones en la Universidad de Stanford, plantea una perspectiva interesante sobre el contexto actual. En una entrevista para el pódcast The Diary of a CEO, señaló que "vivimos en una época y un lugar en los que tenemos más acceso a los artículos de lujo, más ingresos disponibles, más tiempo libre, incluso para los más pobres de entre los pobres, que nunca antes en la historia. Y resulta que eso es estresante para nuestro cerebro". El problema radica en que nuestro cerebro evolucionó durante miles de años en condiciones de escasez, no de abundancia.

Las sustancias adictivas y ciertos comportamientos actúan de manera especialmente peligrosa porque liberan cantidades masivas de dopamina en muy poco tiempo. Según Lembke, esto genera experiencias tan intensas y memorables que el cerebro las ve como prioritarias para la supervivencia. A diferencia de las recompensas naturales, como comer o socializar, estos estímulos artificiales producen cantidades de dopamina mucho mayores, amplificando su efecto y haciendo que el cerebro las persiga obsesivamente.

Con el consumo repetido viene la neuroadaptación, un proceso en el que el sistema de recompensa pierde sensibilidad. Esto significa que el cuerpo necesita dosis cada vez más altas o estímulos más intensos para sentir el mismo placer. Eventualmente, la persona entra en un estado donde ya no busca la sustancia para disfrutar, sino para escapar del malestar. Lembke describe esto como anhedonia: "la búsqueda incesante del placer por el placer mismo conduce a la anhedonia, que es la incapacidad de disfrutar de nada en absoluto".

Un factor crítico que refuerza el ciclo adictivo es el acceso mismo. "El acceso en sí mismo es uno de los mayores factores de riesgo para la adicción", enfatizó la especialista. En un país como Colombia, donde el alcohol tiene una prevalencia significativa de consumo, esto es especialmente relevante.

La buena noticia es que el cerebro tiene capacidad de recuperación. Si una persona se abstiene de consumir su sustancia adictiva durante un período sostenido, los circuitos de dopamina pueden reestablecerse gradualmente. Lembke recomendó un mínimo de cuatro semanas de abstinencia para permitir que estas vías se recalibraciones. Durante las primeras dos semanas, es común experimentar síntomas incómodos como ansiedad, irritabilidad, problemas de sueño o depresión, pero estos son temporales. Con el tiempo, el organismo ajusta su producción natural de dopamina y recupera su equilibrio.

Fuente original: El Tiempo - Salud

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