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Por qué Colombia no puede endeudarse como Japón o EE.UU.: la explicación del Banco de la República

Fuente: Portafolio - Economía
Por qué Colombia no puede endeudarse como Japón o EE.UU.: la explicación del Banco de la República
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El Banco de la República explicó por qué Colombia no puede mantener los mismos niveles de deuda que potencias como Japón o Estados Unidos, aunque estos tengan endeudamientos mucho más altos. La diferencia clave está en la confianza internacional: mientras esos países pagan tasas de interés muy bajas, Colombia paga más caro porque inversionistas extranjeros ven mayor riesgo. El país perdió su calificación de grado de inversión tras la pandemia, lo que encareció el financiamiento y dejó menos espacio para maniobras del Estado.

Colombia vive en estos meses una discusión incómoda sobre sus finanzas públicas. De un lado, hay sectores del mercado que advierten sobre el rojo en las cuentas del gobierno. Del otro, el Ministerio de Hacienda dice que todo sigue bajo control. En medio de ese debate surgió una pregunta lógica: si Estados Unidos y Japón tienen deudas mucho más grandes que la de Colombia y nadie los cuestiona tanto, por qué aquí la alarma es diferente. El gerente del Banco de la República, Leonardo Villar, respondió esa pregunta con una realidad incómoda: no se trata solo del tamaño de la deuda, sino de quién confía en ti para pagarla.

Villar explicó que Japón mantiene una deuda cercana al 200% del PIB (es decir, que debe en total casi el doble de lo que produce en un año). Eso debería ser catastrófico. Pero no lo es porque, según el gerente, Japón tiene "una credibilidad y una capacidad de pago de la cual nadie duda a pesar de su enorme deuda". Eso significa que cuando Japón va a los mercados internacionales a pedir dinero prestado, los inversionistas le cobran tasas de interés muy bajas porque están seguros de que pagará. Lo mismo ocurre con Estados Unidos: aunque tiene deuda alta, puede emitir bonos "a tasas muchísimo más bajas que la colombiana, gracias a su credibilidad y a la solidez de su economía". En economía, la confianza tiene un precio muy real en el bolsillo.

Colombia no goza de esa misma reputación. Hace años el país mantenía niveles de deuda cercanos al 40% del PIB y disfrutaba de lo que se llama grado de inversión, una clasificación que le permitía captar recursos a un costo razonable. Pero la pandemia cambió eso. Cuando la deuda subió fuertemente en 2020 y 2021 para enfrentar la crisis, y luego no bajó lo suficientemente rápido, las agencias calificadoras de riesgo internacional bajaron a Colombia de su categoría de grado de inversión. Eso fue un punto de quiebre. De repente, los inversionistas vieron a Colombia como un lugar más riesgoso, y cuando algo es más riesgoso, cuesta más caro.

Con la pérdida de confianza vinieron consecuencias directas. "El sobrecosto que tenemos que pagar por captar nueva deuda ha seguido aumentando", explicó Villar. Eso significa que cada vez que el gobierno colombiano necesita dinero prestado, tiene que ofrecerles a los prestamistas tasas de interés más altas para convencerlos. Es como cuando un banco te cobra una tasa más cara porque tienes un mal historial crediticio. Entre más deuda acumule Colombia sin mostrar que puede controlarla, más cara se vuelve la siguiente deuda.

El punto central del problema, según el gerente, no es la forma en que se invierte la deuda, sino el tamaño del déficit fiscal: cuánto más gasta el gobierno que lo que recauda. Aunque el Gobierno ha hecho recompras de sus propios títulos de deuda para mejorar la contabilidad, esto no soluciona el verdadero inconveniente. Un déficit prolongado eventualmente obliga a ajustes dolorosos. Villar lo resumió así: "Un ajuste brusco de las finanzas públicas es algo que siempre se quisiera evitar", pero cuando los desequilibrios se prolongan demasiado, el Estado termina sin alternativa.

La trampa es clara: cuando el gobierno gasta más de lo que recauda, pide prestado. Cuando debe demasiado, inversionistas dudan y exigen más dinero por prestarlo. Eso hace más caro servir la deuda anterior, lo que deja menos plata para educación, salud o infraestructura. Y eventualmente, como ha pasado en otros países en crisis, puede llegar el momento en que no hay más opción que cortes drásticos que afecten a toda la población.

Villar también aclaró un punto de confusión común: la tasa de interés que fija el Banco de la República no es lo mismo que las tasas a las que el gobierno se financia. La primera es para operaciones de muy corto plazo. El gobierno, en cambio, pide prestado a plazos mucho más largos mediante títulos llamados TES, cuyas tasas incluyen el riesgo fiscal y las expectativas de inflación. Por eso esas tasas pueden subir incluso sin que el Banco suba su tasa directiva, y requieren análisis diferentes.

En resumen, el límite para cuánta deuda puede tener un país no es un número universal grabado en piedra. Es el resultado de una pregunta más básica: ¿cuánta confianza tiene el mundo en que pagarás? Colombia en este momento tiene menos confianza de la que tenía antes de la pandemia, y eso hace que todo cueste más caro.

Fuente original: Portafolio - Economía

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