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Podología bovina: la especialidad que protege ganancias en ganadería colombiana

Fuente: Agronegocios - Finca
Podología bovina: la especialidad que protege ganancias en ganadería colombiana
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La podología bovina es una rama de la medicina veterinaria que previene y trata problemas en las pezuñas del ganado, lo que impacta directamente la productividad. Una vaca con dolor en las patas camina menos, come menos y baja su producción de leche. En Colombia, donde las lluvias y los potreros húmedos agravan estas lesiones, hatos lecheros reportan prevalencias de cojera superiores a 10 por ciento.

En las ganaderías colombianas, un problema que parece menor termina golpeando los ingresos: las lesiones en las pezuñas del ganado. No es solo una cuestión de confort animal. Cuando una vaca tiene dolor en las patas, la cadena productiva entera se resiente. Camina menos, come menos y llega con más dificultad al ordeño. En ganadería de carne, un bovino con problemas podales pierde condición corporal, gana menos peso y responde peor al manejo. Por eso, la podología bovina se está posicionando como una herramienta clave para proteger la rentabilidad de los hatos.

La podología bovina es una rama de la medicina veterinaria que se dedica al diagnóstico y tratamiento de afecciones en los miembros del ganado vacuno. Su función práctica es permitir que el animal camine bien, soporte adecuadamente su peso y mantenga una locomoción funcional. Julio Alejandro Franco, zootecnista y docente de la Especialización en Gestión de Agronegocios de Uniagraria, explica que la cojera en el ganado "no es un problema menor: es una condición dolorosa que afecta el bienestar, la movilidad y la productividad del animal, y en la mayoría de los casos está relacionada con lesiones en la pezuña".

Los beneficios van más allá del bienestar. Primero, reduce el dolor e incomodidad del animal. Segundo, mejora el desempeño porque un bovino que camina bien tiene más posibilidades de alimentarse mejor, expresar celo, producir leche o ganar peso de forma más eficiente. Tercero, disminuye pérdidas económicas asociadas a tratamientos tardíos y descarte prematuro. Cuarto, contribuye a reducir riesgos de mastitis en vacas lecheras al mejorar la movilidad e higiene del animal.

La frecuencia del tratamiento varía según el sistema productivo. Nicolás Ramírez, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Antioquia, especifica que un animal estabulado puede necesitar un recorte preventivo cada seis meses. Para reses en potreros que caminan más, al menos un procedimiento durante la lactancia sería importante. Muchos ganaderos aprovechan el secado de la vaca para hacer estos ajustes y evitar estrés en el animal que disminuya la producción de leche.

En Colombia, el contexto climático hace esta especialidad aún más urgente. Las épocas de lluvia intensa, los potreros húmedos y el deterioro diario de las pezuñas por el tránsito en condiciones de barro generan un escenario propicio para lesiones. Alejandro Cardona Tobón, médico veterinario zootecnista especializado en podología, advierte que "en América Latina esto es especialmente importante porque muchos sistemas productivos trabajan bajo condiciones tropicales o subtropicales donde la humedad, el barro, los pisos deficientes, las largas caminatas y el manejo de corrales y caminos aumentan el riesgo de lesiones y cojeras". Estudios en Colombia reportan hatos lecheros con prevalencias de cojera superiores a 10 por ciento.

Para acceder a estos tratamientos, los ganaderos pueden consultar en universidades que cuenten con facultades de Medicina Veterinaria, donde hay expertos especializados. También en los municipios hay profesionales dedicados a esta labor. Lo importante es que la podología bovina no es un lujo, sino una inversión que repercute directamente en la salud del negocio: un animal que sufre menos es una finca que produce mejor.

Fuente original: Agronegocios - Finca

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