Papas germinadas: cuándo son seguras y cuándo hay que tirarlas a la basura

Cuando las papas desarrollan brotes pequeños, se pueden consumir retirando los germinados. Pero si los brotes superan dos centímetros, la piel está arrugada o hay manchas verdes, lo mejor es desecharlas. El riesgo principal está en los glicoalcaloides, sustancias que aumentan durante la germinación y pueden causar problemas digestivos.
La papa es uno de los alimentos más importantes en la mesa colombiana, pero algo común sucede cuando las dejamos guardadas unos días: comienzan a salirle pequeños brotes. Esto genera una pregunta incómoda para cualquier persona en la cocina: ¿es seguro cocinarlas o debo tirarlas?
Para entender qué está pasando, primero hay que saber que la papa no es una raíz como muchos creen, sino un tallo subterráneo que la planta usa como depósito de energía. Cuando las papas pasan mucho tiempo almacenadas en ciertos lugares, intentan cumplir su ciclo natural y germinan, es decir, empiezan a brotar.
Lo bueno es que no siempre hay que desechar una papa germinada. Si los brotes son apenas visibles y pequeños, simplemente se pueden quitar desde la base y cocinar la papa normalmente. El problema empieza cuando los germinados crecen demasiado. Los expertos advierten que hay que tirar la papa si los brotes superan los dos centímetros de largo, si la cáscara está arrugada o ha perdido firmeza, o si aparecen manchas de color verde en la superficie.
El verdadero riesgo de consumir papas muy germinadas tiene un nombre: glicoalcaloides. Se trata de sustancias químicas que aumentan su concentración cuando la papa germina y que pueden afectar el sistema digestivo provocando molestias estomacales, vómitos y diarrea. Además, durante la germinación se forma otro compuesto llamado acrilamida, que también es potencialmente tóxico y se produce especialmente cuando se cocina la papa.
No es solo un asunto de salud. Cuando la papa germina, cambia también su sabor. El almidón se descompone en azúcares, lo que al principio la hace más dulce, pero luego los glicoalcaloides le dan un sabor amargo desagradable que arruina cualquier plato.
Entender cómo se comportan los alimentos en la despensa ayuda a evitar tanto el desperdicio innecesario como problemas de salud. Con esta información a mano, es posible tomar decisiones seguras y mantener la experiencia de comer siempre agradable.
Fuente original: El Tiempo - Salud