Nuevos tratamientos para la retina permiten espaciar visitas médicas hasta seis meses

Colombia enfrenta un desafío crítico en salud visual: 236.076 personas viven con ceguera y la mayoría desconoce enfermedades como la degeneración macular y la retinopatía diabética. Sin embargo, avances científicos recientes permiten reducir la frecuencia de tratamientos mediante inyecciones intraoculares que duran más tiempo en el organismo. La campaña "Ver la vida" busca visibilizar la importancia de detectar temprano estas patologías, que son prevenibles si se atienden a tiempo.
La visión en Colombia está en crisis silenciosa. Mientras el país lidia con 236.076 personas ciegas, un dato aún más preocupante emerge: la mayoría de los colombianos ignora los peligros de las enfermedades que causan esta pérdida visual irreversible. El 77% nunca ha escuchado hablar de la retinopatía diabética y el 54% desconoce qué es la degeneración macular relacionada con la edad, ambas principales culpables de la ceguera evitable. A nivel mundial, cerca de 1.000 millones de personas viven con pérdida de visión que podría haberse prevenido, mientras 12 millones padecen estas dos patologías específicas.
El costo de esta realidad no es solo humano, sino también económico. Tratar a un paciente con degeneración macular cuesta al sistema de salud aproximadamente 30,3 millones de pesos anuales, mientras que el edema macular diabético ronda los 22,7 millones de pesos al año. Pero los números no cuentan toda la historia. Sofía Ospina Llanos, una joven de 20 años diagnosticada desde los ocho con retinitis pigmentaria, una enfermedad degenerativa de la retina que reduce progresivamente la visión, lo resume así: "Veo la vida con el corazón, la vida me enseñó que no necesito ojos para poder ver, con mis otros sentidos me puedo defender en el mundo". Detrás de cada cifra hay familias que modifican sus vidas: cuidadores que abandonan trabajo para dedicarse a atender a sus seres queridos, generando un costo social que nunca aparece en los reportes oficiales.
Uno de los mayores obstáculos ha sido la frecuencia de los tratamientos. Las personas con estas enfermedades necesitaban inyecciones intraoculares periódicas, procedimientos que generan ansiedad, requieren múltiples viajes al médico y muchas veces causan que los pacientes abandonen las terapias. Sin embargo, la ciencia está reescribiendo este guión. Nuevas formulaciones de medicamentos alcanzan concentraciones más altas dentro del ojo, lo que significa algo revolucionario: la mayoría de pacientes puede extender los intervalos entre tratamientos a 20 o incluso 24 semanas, es decir, hasta seis meses. El 78% de los pacientes con degeneración macular y el 88% con edema macular diabético están experimentando este cambio.
Esta transformación terapéutica tiene consecuencias directas en múltiples niveles. Para los pacientes significa menos estrés, mayor independencia y más tiempo para su vida cotidiana. Para los cuidadores, representa un alivio logístico considerable al reducir desplazamientos y coordinación de citas. Para el sistema de salud colombiano, esto libera capacidad en clínicas y hospitales, permitiendo atender a más personas con la misma infraestructura. La doctora Juliana Muñoz, asesora médica de oftalmología de Bayer, señala que esta innovación redefine el modelo de atención hacia un sistema "más sostenible que reduzca la carga emocional y logística de las familias, al tiempo que optimiza la capacidad de los especialistas".
Es en este contexto donde surge la campaña "Ver la vida", una iniciativa que va más allá de la divulgación comercial. Busca posicionar la salud visual no como una función biológica aislada, sino como componente esencial del bienestar, los vínculos humanos y la experiencia de vida. El mensaje es claro: la visión importa porque permite conectar con otros, trabajar y disfrutar del mundo.
Pero los avances médicos no son suficientes. En Colombia, el verdadero desafío es estructural. Mientras la ciencia reduce la carga de los tratamientos, persisten barreras de acceso, falta de información y debilidades en el sistema de salud. El desconocimiento sigue siendo la barrera crítica. Sin diagnósticos oportunos y sin que la población conozca los síntomas de alerta, la innovación no llega a quienes la necesitan. La ecuación es simple pero compleja de resolver: se requiere mejorar el acceso a tratamientos, fortalecer la educación en salud visual entre la población general y con los profesionales de la salud, y crear estrategias de prevención. En un país donde más de la mitad desconoce estas patologías, la combinación de ciencia, información clara y acompañamiento podría ser la diferencia entre la ceguera evitable y la preservación de la visión.
Fuente original: El Tiempo - Salud