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Los bioinsumos limpios enfrentan regulaciones diseñadas para químicos: el cuello de botella de la agricultura verde

Fuente: Portafolio - Economía
Los bioinsumos limpios enfrentan regulaciones diseñadas para químicos: el cuello de botella de la agricultura verde
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Colombia lidera en startups de tecnología agrícola, pero sus empresas que desarrollan soluciones biológicas chocan contra regulaciones anticuadas. El caso de Ideas Biológicas ilustra cómo tardan 20 años en certificaciones que deberían ser más ágiles. El país tiene una oportunidad económica real: el mundo demanda alimentos más limpios, pero necesita marcos regulatorios que acompañen la innovación, no que la frenen.

Colombia está en el mapa de la innovación agrícola global. Según el Mapa AgriFoodTech 2025, hay 763 startups en América Latina que están transformando la forma en que se produce comida, y Colombia aparece entre los principales generadores de estas empresas, junto con Argentina, México y Chile. Casi una de cada cuatro de estas iniciativas trabaja en biotecnología agropecuaria, desarrollando bioinsumos (productos biológicos que reemplazan químicos) y sistemas de control de plagas sin afectar el ambiente. Parece una buena noticia. El problema está en otra parte: las normas que regulan estas innovaciones fueron diseñadas para la vieja agricultura química, no para la nueva.

El caso de Ideas Biológicas, liderada por Guillermo Hernández, muestra el choque de frente. La empresa decidió apostar por bioinsumos capaces de controlar plagas sin dañar mamíferos ni insectos benéficos como las abejas, anticipándose a lo que ya sabe el mercado global: el futuro es una agricultura biológica y regenerativa, menos dependiente de químicos. Pero conseguir certificaciones del ICA y otras entidades se convirtió en una carrera de obstáculos. Tomó 20 años demostrar simplemente que su actividad no era la de una fábrica de agroquímicos convencionales. Mientras tanto, los costos se multiplicaban, los tiempos se alargaban y la incertidumbre empresarial paralizaba el negocio.

La razón es simple pero frustrante: la normativa vigente fue originalmente pensada para controlar la industria de agroquímicos tradicionales. Cuando se aplica esa misma regulación a soluciones biológicas, que tienen naturaleza, procesos y riesgos completamente diferentes, el resultado es una carga regulatoria que no tiene sentido. Es como intentar regular un vehículo eléctrico con las normas diseñadas para máquinas de gasolina.

Aquí viene la paradoja. El mercado global pide agricultura más limpia. Los consumidores internacionales exigen menos residuos químicos. Las exportaciones agrícolas colombianas cada vez dependen más de estándares ambientales estrictos. Pero simultáneamente, los marcos regulatorios del país siguen operando con lógicas de la agricultura tradicional. El mundo quiere un producto, pero las reglas internas impiden fabricarlo con eficiencia.

Ideas Biológicas logró sortear la montaña, aunque desgastada. Después de cambios de sede, dificultades comerciales y reorganizaciones internas, consolidó un portafolio de soluciones biológicas viables y estableció alianzas con universidades colombianas para investigación aplicada. Pero su caso no es singular: detrás de ella hay otros empresarios enfrentando las mismas barreras regulatorias.

La transición hacia una agricultura sostenible no es solo un capricho ambiental para Colombia. Es una oportunidad económica real. La demanda internacional por alimentos con menor impacto ambiental seguirá creciendo. Pero para que esa oportunidad se materialice, el país necesita urgentemente regulaciones ágiles, diferenciadas y adaptadas a las biotecnologías. Los marcos normativos deben reconocer que controlar plagas con microbiomas no es lo mismo que controlarlas con veneno. El reto ahora es que las políticas públicas acompañen esa dinámica y conviertan el desarrollo de bioinsumos en una prioridad estratégica, no en un obstáculo más para los empresarios que apuestan por un agro más limpio.

Fuente original: Portafolio - Economía

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