Los bancos piden bajar la histeria política: "No podemos decir que el país se acaba con cualquier presidente"

Los principales líderes del sector financiero colombiano hicieron un llamado público a dejar el dramatismo político y enfocarse en tecnología, productividad e inversión a largo plazo. El mensaje central fue que aunque el crédito es caro por el alto riesgo fiscal del país, hay capital internacional interesado en Colombia, pero el ruido político paraliza las decisiones empresariales. El sector propone atacar 800 trámites innecesarios, fortalecer la inteligencia artificial y construir consensos que trasciendan cada ciclo electoral.
En un evento que reunió a los presidentes de BBVA, J.P. Morgan Chase, Grupo Sura y Grupo Aval, ocurrió algo poco común en Colombia: los grandes empresarios del país bajaron el volumen al drama político. La frase que marcó el tono vino de María Lorena Gutiérrez, presidenta del Grupo Aval, quien fue directa al punto. "Desde el sector financiero tenemos que dejar de decir que si queda uno u otro en la Presidencia el país se va a acabar o que nos vamos a ir a vivir a Japón", expresó durante el lanzamiento de The Reinvention Community, una iniciativa de Accenture Colombia.
El mensaje fue casi un sacudón interno al empresariado. Gutiérrez argumentó que en lugar de amplificar el miedo político, el sector financiero debería enfocarse en productividad, tecnología y ejecución. El país no puede paralizar inversiones cada vez que hay un año electoral. Para ella, la tarea real es construir consensos mínimos que permitan planear a mediano y largo plazo.
El problema económico concreto lo explicó Mario Pardo, presidente de BBVA. Su rol, dijo, es "irrigar más crédito, llegar a más personas y empresas, y hacerlo con tasas más bajas". Pero aquí viene lo que toca el bolsillo del colombiano promedio: hoy el Gobierno se financia con tasas cercanas al 14%, y cualquier empresa que solicite crédito debe pagar aún más. El dinero existe, pero es costoso. Eso frena inversiones, crecimiento de negocios y generación de empleo. El culpable es el riesgo fiscal del país, que encarece todo lo demás.
La buena noticia llegó desde J.P. Morgan: sí hay apetito internacional por Colombia. Inversionistas globales buscan oportunidades en infraestructura, energía, agroindustria y gas. El problema no es la falta de dinero extranjero, sino que cuesta sacarlo del bolsillo internacional y hacerlo aterrizar en proyectos locales. Colombia tiene que simplificar los trámites para recibir ese capital.
Gutiérrez fue más allá e identificó tres frenos culturales que hay que soltar. Primero, dejar el cortoplacismo. Segundo, no amplificar la incertidumbre con mensajes catastrofistas. Tercero, evitar la polarización entre lo público y lo privado. Propuso en cambio enfocarse en infraestructura, transición energética, agricultura y salud. Y que el sector financiero abrace la inteligencia artificial no solo para ahorrar costos, sino para trasladar esos beneficios al cliente final.
En el segundo panel, Bruce Mac Master, presidente de la Andi, recordó que Colombia no parte de cero. El país es el sexto exportador de futbolistas del mundo y Medellín convirtió la música urbana en una industria global con cadenas de valor en producción, tecnología e inversión. Si se logró eso en deporte y música, ¿por qué no en sectores estratégicos? Juliana Velásquez, presidenta de ProAntioquia, fue estructural: hay casi 800 trámites para el sector productivo. El Estado debe ser "menos ejecutor y más habilitador". Propuso descentralización, reglas que no cambien cada cuatro años y que el sector privado ayude a construir lo público.
El evento cerró con un reconocimiento a Jorge Mario Velásquez, presidente de Grupo Argos, quien dejará su cargo el 31 de marzo de 2026. Velásquez expresó: "Me siento honrado y feliz. Recibo este reconocimiento con humildad, en nombre de cientos y miles de personas que han ayudado a construir esta historia empresarial" y enfatizó que "Yo soy solo un ingrediente. Detrás de todo lo que pasó hoy hay un equipo del que me siento profundamente orgulloso".
El mensaje final fue que la incertidumbre política puede convertirse en proyectos concretos si el sector empresarial, el financiero y el Estado dejan de hablar de catástrofes y empiezan a hablar de ejecución.
Fuente original: El Colombiano - Negocios