Las veces que la muerte intentó llevarse a Germán Vargas Lleras

Germán Vargas Lleras sobrevivió a múltiples intentos contra su vida: un libro bomba en 2002 que le destrozó tres dedos, un carro bomba en 2005 y un accidente aéreo en 2012 que casi termina en tragedia. Además de los atentados, enfrentó complejos problemas de salud a lo largo de su carrera. Su figura política se construyó alrededor de esa capacidad de supervivencia, hasta que finalmente fue alcanzado por una enfermedad terminal este viernes.
La muerte pasó varias veces junto a Germán Vargas Lleras antes de finalmente alcanzarlo. Primero se escondió dentro de un libro en el Congreso, luego llegó en forma de explosivos sobre una calle de Bogotá, después en las turbulencias de un helicóptero sobre las montañas de Nariño. Finalmente, la enfermedad ganó la batalla que los atentados y los accidentes no pudieron ganar.
El 13 de diciembre de 2002, el senador abrió lo que parecía ser un regalo de Navidad en su oficina del Capitolio Nacional. Adentro había explosivos que detonaron en sus manos. Perdió tres dedos de una mano y sufrió quemaduras graves en el rostro. Vargas Lleras, que se había convertido en uno de los liberales más visibles que apoyaban las propuestas de Álvaro Uribe contra las Farc, describió el momento con crudeza: "Solo recuerdo un ruido demencial, un dolor infinito y mucha sangre. Mi mano derecha quedó, literalmente, colgando de un hilo y los dedos meñique, anular y parte del medio volaron en mil pedazos". No fue el último susto. Tres años después, el 10 de octubre de 2005, cuando salía de Caracol Radio en Bogotá cerca de las 11:15 p.m., un carro bomba explotó junto a su caravana. La onda destruyó su vehículo e hirió a nueve personas, incluidos varios de sus escoltas. Él escapó ileso. En 2020, Rodrigo Londoño, quien fuera jefe de las Farc y era conocido como "Timochenko", admitió públicamente que su guerrilla había planeado y ejecutado ese ataque.
Vargas Lleras era nieto del expresidente Carlos Lleras Restrepo y heredero de una de las familias más poderosas del liberalismo colombiano, pero decidió construir su propio camino. A los 18 años se acercó al liberalismo de Luis Carlos Galán. Poco a poco escaló: concejal de Bojacá, después en Bogotá, y finalmente senador durante cuatro periodos. Quienes lo conocieron describían a un político disciplinado, áspero en los debates y completamente obsesionado con llegar al poder ejecutivo. También tenía fama de temperamental, capaz de romper alianzas sin pensarlo demasiado.
Su ascenso político coincidió con los años más sangrientos del conflicto armado colombiano. Fue uno de los primeros liberales en respaldar a Uribe cuando su candidatura presidencial aún parecía poco probable. Luego fundó Cambio Radical, que se convirtió en una maquinaria política determinante dentro del Congreso. Los atentados no lo moderaron sino que radicalizaron su postura contra los grupos armados.
En 2012, mientras era ministro de Vivienda, Vargas Lleras vivió otro momento límite. Visitaba Sandoná en Nariño para revisar programas de vivienda cuando el helicóptero en el que viajaba no logró ganar altura. La aeronave comenzó a girar peligrosamente sobre varias casas. Mientras el piloto luchaba contra fuertes corrientes de viento que bajaban de las montañas, él creyó que iban a estrellarse. Se preparó para el impacto recostándose sobre una caja de herramientas. Una maniobra del piloto evitó la tragedia apenas a metros de los techos de las viviendas.
A pesar de los atentados, su salud se convirtió en otro frente de batalla. A lo largo de los años enfrentó diagnósticos complejos: un meningioma, un quiste hepático, una apendicitis y una masa en el cuello que requirieron intervenciones y seguimientos médicos constantes. Ya para entonces su carrera había llegado a la cima: fue ministro, jefe de Cambio Radical y vicepresidente del gobierno de Juan Manuel Santos entre 2014 y 2018. Desde allí impulsó grandes proyectos de infraestructura y programas de vivienda que se convirtieron en su principal aval político.
Su estilo directo y a menudo autoritario generaba admiradores y enemigos en partes iguales. Algunos lo veían como un ejemplo de eficacia administrativa; otros lo consideraban la expresión más dura del poder político tradicional colombiano. Aunque rompió con Uribe en las disputas sobre reelección, nunca dejó de soñar con llegar a la presidencia de la república, una aspiración que lo acompañaba desde niño cuando escuchaba política en el despacho de su abuelo.
En los últimos años, Vargas Lleras luchó contra el cáncer. Recibía tratamiento por un tumor cerebral tanto en Estados Unidos como en la Fundación Santa Fe de Bogotá. En su libro de 2018 "Hacer, cumplir, avanzar", donde recogió 30 años de carrera política, resumió su extraordinaria capacidad de supervivencia: "Por suerte o por la Divina Providencia, en varios episodios logré salvar mi vida solo por fracciones de segundos... o de centímetros". Esta vez, la muerte no falló.
Fuente original: El Colombiano - Colombia


