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El manual nunca llegó: confesiones de una madre que hizo lo que pudo

Fuente: El Isleño
El manual nunca llegó: confesiones de una madre que hizo lo que pudo
Imagen: El Isleño Ver articulo original

Una columna sobre la maternidad sin instructivo. La autora reflexiona sobre cómo las madres colombianas cargan con culpas que no les pertenecen, heredan traumas sin saber cómo evitarlo, y terminan haciendo lo mejor que pueden con lo que tienen. No existe el manual de la madre perfecta, solo mujeres que luchan cada día con sus propias heridas mientras cuidan otras.

Cada Día de la Madre llega con un sentimiento extraño. Ya no me siento esa madre de los comerciales, la de los pañales limpios y las sonrisas permanentes. Soy más bien una de esas mamás que simplemente hizo lo que pudo. Nadie me enseñó cómo. Mi propia madre tampoco sabía. Imagino que ella también hizo lo que alcanzaba con lo que tenía, con lo que sabía, con lo que le llegaba el alma.

Un día te entregan una persona completa. Un ser humano entero que depende de ti para respirar, para crecer, para entender el mundo. Te lo dejan así, sin manual, sin las instrucciones claras. Se supone que debes mantenerlo vivo, convertirlo en buena gente, educarlo, alimentarlo, curarlo, amarlo. Todo eso mientras tú misma apenas aprendes a estar de pie, cuando todavía no entiendes tus propias heridas, cuando el cuerpo te pesa de cosas que ni siquiera has nombrado.

Llegan entonces el sistema, la familia, la escuela con sus calendarios, sus vacunas, sus tareas y sus culpas. Tantas culpas. El mundo completo te señala lo que deberías haber hecho diferente, lo que está faltando, lo que no fuiste capaz de dar. Y uno descubre, con horror, que ya está pasándole a alguien más lo que no pudo resolver en sí mismo: los miedos heredados, los silencios cargados, las heridas que no sanan pero sí se contagian.

La maternidad es también sentir en otra piel el dolor que no duele en la tuya. Primero es un raspón cualquiera. Después, una caída. Luego, un corazón roto. Y ahí está uno, sangrando desde adentro por algo que no puedes coser ni curar.

Ese manual perdido, el que seguramente solo recibieron las madres de los comerciales. La que nunca gritó, que no fantaseó con escapar, que veía en sus hijos su único logro posible. La de los sándwiches perfectos y la paciencia infinita. La imposible. Ese manual donde estaba la edad exacta en la que dejas de ser su heroína y te conviertes en su enemiga sin avisar. El que traía la fórmula correcta para no dejar marcas, no provocar traumas, no fallar.

Pero muchas nunca lo recibimos. A nosotras, las madres que no fuimos las mejores del mundo, nos tocó improvisar. Hicimos lo que pudimos con lo poco que sabíamos, con el dolor enorme que cargábamos, con ese amor torpe, insuficiente y verdadero que teníamos para dar.

Fuente original: El Isleño

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