Una familia holandesa que echó raíces en La Guajira guarda 200 años de historia entre documentos

La celebración de dos siglos de relaciones entre Colombia y los Países Bajos ocultaba una historia más profunda: la de la familia De Kom, cuyos miembros llegaron al Caribe huyendo de la persecución nazi y se casaron, trabajaron y criaron hijos en Riohacha. Hoy son 58 personas que mantienen vivo el recuerdo de Anton de Kom, intelectual anticolonial que murió en un campo de concentración, y su hermano Henny, quien reparó el sistema eléctrico de la ciudad hace más de 80 años.
Cuando se levantó el acta de los 200 años de relaciones diplomáticas entre Colombia y los Países Bajos en Riohacha el pasado dos de mayo, con presencia de la embajadora Reina Buijs y delegaciones del Caribe neerlandés, muchos creyeron que esa historia apenas comenzaba. Pero Hiaades de Kom guardaba una verdad diferente en un sobre gastado: llevaba décadas esperando ser contada.
Aquella mañana cuando Hiaades llegó a dejar esos documentos sobre la mesa había algo más valioso que cualquier firma ceremonial. Estaba ahí la traducción de "Nosotros, esclavos de Surinam", el libro que su tío Anton de Kom publicó en 1934 denunciando la explotación colonial neerlandesa. De Kom fue un intelectual anticolonial nacido en Paramaribo, hijo de un hombre que nació siendo esclavo. El libro le trajo enemigos: fue prohibido durante años. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, se unió a la resistencia holandesa. Lo arrestaron y lo enviaron a campos de concentración. Murió el 24 de abril de 1945 en Sandbostel, en el norte de Alemania, apenas cinco días antes de que las tropas británicas liberaran el campo. Hoy una universidad en Surinam lleva su nombre y existe una cátedra en los Países Bajos dedicada a su pensamiento. En el sobre también estaba un billete surinamés con su cara: la de un hombre que supo que las palabras podían ser resistencia.
Pero el sobre guardaba también una historia de amor. Henny de Kom, hermano de Anton, huyó a Aruba escapando de la persecución contra su familia. En 1943 llegó a Riohacha a reparar la máquina que daba luz eléctrica a la ciudad. Ahí conoció a una joven de Castilletes. Terminada la guerra, volvió para honrar su palabra y casarse con ella. Tuvieron seis hijos. Una de ellos es Hiaades.
La historia de los De Kom no es un caso aislado. En La Guajira persisten otros apellidos holandeses que llegaron por caminos parecidos: el comercio, el trabajo, el matrimonio. Con el tiempo echaron raíces tan profundas como cualquier familia de la región. La movilidad caribeña no fue algo marginal: fue parte de cómo se formó históricamente esta península.
En junio de 2023, el canciller neerlandés Wopke Hoekstra recibió en La Haya a los descendientes de Anton de Kom y ofreció disculpas oficiales. El gobierno holandés reconocía algo que la familia había preservado en secreto durante décadas: que habían arrestado y deportado al padre sin juicio previo. La verdad finalmente alcanzaba el reconocimiento de un Estado.
Hoy los De Kom son en La Guajira 58 personas: hijos, nietos, bisnietos. Lo que Hiaades trajo en ese sobre fue precisamente eso: la prueba de que entre Colombia y los Países Bajos existe una historia mucho más larga, más íntima y más sorprendente que cualquier acto oficial. Una historia que se tejió en las costas del Caribe, una historia de familias.
Fuente original: El Isleño



