La IA que usas a diario consume más energía de la que crees: la ONU advierte sobre su impacto ambiental

Cada vez que usas ChatGPT, generas una imagen con IA o ves un video generado por máquinas, estás activando una infraestructura global gigante que consume recursos naturales masivos. Un informe de Naciones Unidas revela que generar una imagen requiere 60 veces más electricidad que escribir un texto, y un video consume tanto como cientos de imágenes. El problema va más allá del carbono: afecta el agua, el suelo y concentra los beneficios en países ricos mientras las cargas ambientales recaen en el Sur Global.
Cada vez que escribes una pregunta en ChatGPT o generas una imagen con IA, probablemente no piensas en lo que sucede detrás de pantalla. Pero allá existe una red global de centros de datos, cables, servidores y minerales extraídos de la tierra que trabajan para entregarte esa respuesta en segundos. La mayoría de personas ve la IA como algo virtual, desconectado de la realidad física. Sin embargo, Naciones Unidas acaba de publicar un informe que muestra todo lo contrario: la inteligencia artificial tiene una huella ambiental enorme y poco visible.
El documento, liderado por investigadores de la Universidad de las Naciones Unidas, es el análisis más completo hasta ahora sobre los costos ambientales de la IA. No solo mide emisiones de carbono, sino también consumo de agua, uso del suelo, generación de residuos electrónicos y algo crucial: cómo esos costos no se distribuyen equitativamente en el mundo. Según Kaveh Madani, director del Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud, "algunas tareas de IA demandan más energía que otras tareas digitales convencionales. Por ejemplo, una imagen generada por IA típica requiere unas 2,9 Wh, alrededor de 60 veces más electricidad que una respuesta breve de texto. La generación de vídeo es aún más exigente: clips de alta resolución en modelos grandes pueden superar los 415 Wh por clip". Para que entiendas la escala: un video corto consume tanta energía como cientos de imágenes, y buscar algo en Google con IA integrada gasta casi diez veces más electricidad que una búsqueda normal.
Las cifras son preocupantes. ChatGPT procesa alrededor de 2.500 millones de consultas al día, consumiendo estimadamente 383 GWh anuales. Entrenar ChatGPT-5 requiere unos 100 GWh, equivalente al consumo anual de 770.000 personas en África subsahariana. Si los centros de datos mundiales fueran un país, su consumo en 2025 sería de 448 TWh, posicionándolos como el undécimo mayor consumidor de energía a nivel global, al nivel de Francia. Pero aquí viene lo más grave: en lugares como Irlanda, los centros de datos ya consumen el 21% de la electricidad disponible, más que todos los hogares urbanos juntos, lo que ha obligado al operador de red a frenar nuevas conexiones en Dublín hasta 2028.
El impacto ambiental va mucho más allá de la electricidad. El consumo de agua es brutal: se podrían alcanzar 9,3 billones de litros, suficientes para cubrir las necesidades mundiales durante 1,6 años. La huella territorial superaría los 14.000 kilómetros cuadrados. Y luego están los residuos electrónicos: para 2030, la IA podría generar 2,5 millones de toneladas de desechos electrónicos anuales. Los minerales necesarios para fabricar este hardware se extraen principalmente en el Sur Global, en condiciones que generan daños ambientales y sociales graves. Miriam Aczel, coautora del informe, lo plantea así: "El Sur Global continúa suministrando minerales críticos —el 'combustible' de la cuarta revolución industrial— a los países ricos, que tienen la capacidad económica para desarrollar, instalar y operar la IA y los centros de datos. El sur debe lidiar con la contaminación derivada de la extracción de minerales críticos sin aprovechar los beneficios de la IA".
Lo más injusto es que solo 32 países tienen infraestructura especializada en IA, concentrada en un 90% en Estados Unidos y China. Más de 150 países carecen completamente de capacidad soberana de cómputo. Esto significa que mientras algunos países se benefician del boom de la IA, otros cargan con sus consecuencias ambientales sin poder acceder a sus ventajas. Incluso dentro de países desarrollados, algunos centros de datos se construyen en comunidades con escasez de agua y redes eléctricas débiles, lo que agrava desigualdades locales.
¿Qué se puede hacer? Los expertos coinciden en que la transparencia es urgente. "No podemos gestionar lo que no podemos medir", advierte Madani. Actualmente no hay estándares públicos para medir y reportar el impacto ambiental real de la IA. El informe propone crear sistemas de medición estandarizados, diseñar modelos más eficientes, ubicar centros de datos en regiones con menor presión ambiental, y algo interesante: cambiar cómo usamos estas herramientas. Si eliminas las cortesías al escribir (no digas "por favor" ni "gracias"), puedes reducir el consumo al acortar las respuestas. Un enfoque más conciso podría ahorrar entre 87 y 98 GWh anuales. Además, elegir siempre opciones más ligeras es crucial: un texto breve tiene menor huella que una imagen, y el video es extremadamente intensivo.
El objetivo, enfatizan los investigadores, no es detener el desarrollo de la IA. "La IA puede aportar enormes beneficios en salud, educación o clima, pero solo si su desarrollo se mantiene dentro de límites planetarios mediante transparencia, cooperación y diseño responsable", concluye el informe. La pregunta entonces es: ¿estamos dispuestos a exigir esa responsabilidad?
Fuente original: El Colombiano - Tecnología



