Hatos ganaderos de Casanare albergan casi mil especies de plantas y funcionan como reservas de biodiversidad

Un estudio de The Nature Conservancy reveló que los hatos ganaderos tradicionales de Paz de Ariporo, en Casanare, conservan 955 especies de plantas vasculares y alrededor de 350 especies de fauna vertebrada, desmintiendo que sean "desiertos verdes". El 82% de la flora identificada es nativa de la Orinoquia, y las prácticas ganaderas tradicionales generan servicios ecosistémicos clave como regulación hídrica y captura de carbono. El modelo de Paz de Ariporo emerge como una alternativa viable que demuestra que producción ganadera y conservación pueden coexistir en la región.
En las sabanas tropicales del oriente colombiano existe un paisaje que desafía las ideas convencionales sobre la ganadería y la conservación ambiental. Un estudio reciente liderado por The Nature Conservancy evidenció que los hatos ganaderos tradicionales del municipio de Paz de Ariporo, en Casanare, funcionan como verdaderas reservas naturales. La investigación, realizada entre 2024 y 2025 por los expertos Thomas Walschburger y Francisco Castro, documentó al menos 955 especies de plantas vasculares y cerca de 350 especies de fauna vertebrada distribuidas en 2.550 hectáreas representativas de los llanos orientales. Para construir este inventario, los investigadores revisaron documentación científica, validaron información taxonómica (clasificación biológica de las especies) y talleres con más de 40 sabedores locales, ganaderos y trabajadores del campo.
Los resultados demuestran que estos territorios no son espacios productivos vacíos de vida silvestre, sino lo que los autores denominan "archipiélagos de biodiversidad". Las 955 especies identificadas pertenecen a 132 familias botánicas distintas y cuentan con 894 usos documentados. Lo más significativo es que el 82% son especies nativas de la Orinoquia o de ecosistemas neotropicales similares, mientras apenas el 18% corresponde a especies introducidas. Entre esta riqueza destacan 89 especies de leguminosas, que tienen la capacidad de fijar nitrógeno en el suelo, y 67 de gramíneas que previenen la erosión. El 60% de las plantas identificadas cumplen dos o más funciones ecológicas simultáneamente, desde proveer alimento para polinizadores hasta regular el microclima local.
Las mujeres del campo juegan un papel crucial en esta conservación a través de las topocheras o chagras familiares, espacios de cultivo tradicional donde se preservan 162 especies domesticadas, incluyendo plantas medicinales, frutales y hortalizas. Estos huertos funcionan como bancos vivos de biodiversidad que garantizan seguridad alimentaria y generan ingresos autónomos para las comunidades. El estudio también identificó 147 especies con propiedades medicinales para tratar infecciones, problemas digestivos y afecciones respiratorias, lo que los investigadores describen como una "farmacia viva llanera".
En cuanto a la fauna, la región alberga 230 especies de aves, 60 de mamíferos, 35 de reptiles y anfibios, y 25 de peces. Cada grupo cumple funciones ecológicas esenciales: aves como el alcaraván controlan plagas, herbívoros como el chigüiro favorecen la renovación de pastizales, y depredadores como el puma regulan las poblaciones. Los escarabajos coprófagos, insectos poco conocidos, procesan hasta el 80% de las heces del ganado en 24 a 48 horas, contribuyendo naturalmente a la fertilidad del suelo.
Este equilibrio existe gracias a prácticas ganaderas que han perdurado generaciones: rotación estacional del ganado, uso controlado del fuego y adaptación a ciclos naturales de sequía e inundación. Los sistemas silvopastoriles tradicionales capturan entre 2 y 5 toneladas de dióxido de carbono por hectárea al año, mientras que los morichales y sabanas inundables actúan como reguladores naturales del agua. Sin embargo, el modelo enfrenta amenazas reales. En las últimas décadas, el 20% de las sabanas naturales de la Orinoquia ha sido convertido a agricultura intensiva o ganadería tecnificada para cultivos como arroz, soya y palma africana. Además, la sustitución de razas criollas por especies comerciales, la migración de jóvenes hacia las ciudades y la erosión del conocimiento tradicional ponen en riesgo este equilibrio.
Los investigadores proponen que Paz de Ariporo sea candidato a Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM), una iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO). También recomiendan impulsar programas de agroturismo, turismo cultural e integrar la ganadería tradicional en estrategias de adaptación al cambio climático. El estudio concluye que estos hatos ganaderos no son simplemente espacios productivos, sino sistemas complejos que demuestran que en Colombia es posible armonizar producción, conservación e identidad cultural en uno de los paisajes más dinámicos del país.
Fuente original: El Tiempo - Vida