El spam telefónico no es casualidad: cómo los estafadores lo usan como arma para robar su dinero

Nueve de cada diez latinoamericanos recibieron llamadas spam entre diciembre y enero, y el 11 por ciento fueron intentos de fraude. Los delincuentes no llaman al azar: usan algoritmos que aprenden cuándo alguien contesta y lo marcan como blanco fácil. Las estafas evolucionaron desde pedir contraseñas hasta instalar aplicaciones que dan control total del teléfono. Bloquear números no funciona porque los criminales cambian de líneas constantemente.
Ese teléfono que suena y lo deja con dudas de contestar no es paranoia. Tampoco es casualidad que después cuelgue y en minutos vuelva a sonar desde otro número diferente. Miles de colombianos viven este calvario a diario, acosados por llamadas de spam que no solo molestan sino que representan un riesgo real para el bolsillo. El problema creció a niveles sin precedentes en toda Latinoamérica, pero aquí viene lo importante: no sucede por azar. Detrás hay un sistema que aprende, clasifica y vuelve a intentar hasta encontrar a alguien dispuesto a caer.
Los números son duros. Entre diciembre de 2025 y enero de 2026, el 88 por ciento de los latinoamericanos recibió llamadas no deseadas, según datos de Who Calls, una aplicación de identificación de spam del laboratorio ruso de ciberseguridad Kaspersky. De ese total, aproximadamente el 11 por ciento fueron intentos de fraude bancario, promociones engañosas y estafas pensadas para robar información o dinero. Ya no se trata solo de una molestia: se volvió una amenaza concreta a la seguridad financiera.
La pregunta que muchos se hacen es por qué la llamada llega precisamente a ellos. Lisandro Ubiedo, analista Senior de Seguridad de Kaspersky para América Latina, explica el mecanismo. Los delincuentes combinan marcación masiva con selección por probabilidad. El truco está en esto: no todos los números tienen el mismo valor. Si usted contesta, devuelve la llamada o interactúa de alguna forma, queda marcado en esas listas como objetivo potencial y entra en un ciclo de nuevos intentos. "El tipo de fraude se ajusta al perfil de riesgo que el atacante infiere a partir de la interacción, el canal y la información disponible", dice el especialista. En otras palabras, a unos les llama fingiéndose técnico y a otros amenazándolos con un secuestro falso, dependiendo de lo que el estafador considere más efectivo.
Las tácticas han evolucionado de forma peligrosa. En el fraude de falso call center, el criminal se presenta como empleado de un banco, una empresa de telecomunicaciones o un servicio técnico, con un guion que apela a la urgencia: fraude en su cuenta, virus en el teléfono, movimientos sospechosos. El objetivo es uno: convencerlo de instalar una aplicación de acceso remoto como AnyDesk o TeamViewer. Ahí es donde cambia el juego. Una vez dentro, el delincuente deja de pedir que dicte claves o números de tarjeta. Ahora controla su teléfono directamente, entra a las aplicaciones bancarias, realiza transferencias y roba información sin que usted note nada. El uso de perfiles verificados en WhatsApp e imágenes institucionales refuerza la credibilidad del engaño, haciéndolo casi imposible de detectar a primera vista.
Las estructuras detrás de este fraude funcionan como negocios de verdad. Ubiedo señala que los patrones detectados, como guiones repetidos, suplantación de marcas y llamadas coordinadas, encajan con dinámicas de auténticos "call centers criminales" apoyados en automatización. El objetivo es simple: escalar de pocas llamadas al día a contactar a miles de personas, concentrándose únicamente en quienes reaccionan. Los meses de diciembre y enero son especialmente peligrosos porque coinciden con mayor movimiento financiero, compras y decisiones rápidas. "Atacan el factor humano de la urgencia, sumándole presión y emoción", explica Ubiedo. Justamente cuando su guardia está baja.
El problema es que las medidas tradicionales tienen límites claros. Bloquear números o reportarlos solo corta un intento aislado, pero no desmantela la operación completa. Estas redes cambian constantemente de líneas, alternan entre llamadas, WhatsApp y SMS, y reaparecen con nuevas identidades. El resultado es una sensación de persecución permanente. Las soluciones técnicas de seguridad que identifican patrones sospechosos en tiempo real buscan frenar el primer eslabón: evitar que usted conteste. Pero lo fundamental sigue siendo lo básico: no contestar llamadas de números desconocidos, no instalar aplicaciones por indicación telefónica y nunca compartir códigos. El problema es que el volumen de spam explica por qué la amenaza sigue creciendo, incluso con leyes de protección de datos vigentes. La batalla sigue ganándola el delincuente.
Fuente original: El Colombiano - Tecnología