El negocio cultural mundial se duplicó en 18 años, pero los creadores siguen sin dinero

Las industrias creativas pasaron de 118 mil millones de dólares en 2005 a 254 mil millones en 2023, un crecimiento evidente pero engañoso. El problema real es que los gobiernos apenas invierten el 0,6% del PIB en cultura directamente y los artistas enfrentan precariedad laboral persistente. Además, la inteligencia artificial amenaza los derechos de autor de los creadores, según alerta la Unesco en un nuevo informe.
A primera vista, los números son espectaculares. El mercado de la cultura y las industrias creativas se duplicó en menos de dos décadas, saltando de 118 mil millones de dólares en 2005 a 254 mil millones en 2023. Es el tipo de cifra que cualquier inversionista querría ver en su portafolio. Pero la Unesco acaba de lanzar una advertencia incómoda: ese crecimiento es real, pero el sistema para sostenerlo es débil y frágil. Los gobiernos simplemente no están poniendo dinero donde debería estar.
El informe presentado esta semana por la organización de las Naciones Unidas, titulado "Diseñando políticas para la creatividad", revela la verdad detrás de los titulares optimistas. Ernesto Ottone, subdirector general de Cultura de la Unesco, fue directo: "Las industrias creativas y culturales van siendo reconocidas en aumento como un factor importante de crecimiento económico, cohesión social y desarrollo sostenible, pero los sistemas para apoyarlas siguen siendo frágiles". En términos concretos, esto significa que en promedio solo se dedica un 0,6% del PIB a financiar la cultura de forma directa. Con ese presupuesto tan delgado, no sorprende que la precariedad laboral sea uno de los principales desafíos que enfrentan los firmantes de la Convención sobre Diversidad Cultural de 2005.
Los países en desarrollo sí están avanzando. Reportan una tasa de crecimiento promedio del 8,5% en bienes culturales desde 2005 y ya representan el 20% del comercio mundial de servicios culturales. Pero este progreso está en riesgo. Hay una contracción de más del 95% en la tasa de crecimiento de inversión extranjera directa hacia estos territorios, lo que significa que aunque vemos movimiento, el dinero que realmente impulsa estos negocios está desapareciendo.
La transformación digital vino con promesas: acceso democrático a herramientas de creación, nuevos mercados, audiencias globales. En parte se cumplió. Los ingresos digitales ahora representan el 35% de lo que ganan los creadores, comparado con apenas el 17% en 2018. Ottone lo resume así: "un cambio estructural en la economía creativa". Pero la digitalización no ha traído estabilidad ni ha reducido desigualdades; de hecho, las ha intensificado.
Ahora llega la inteligencia artificial generativa con su propia ola de incertidumbre. El 79% de artistas y creadores la ve como una amenaza, principalmente porque entrena modelos con contenido sin permiso ni compensación. Los derechos de autor quedan vulnerables y existe el riesgo real de "devaluación de la creatividad humana", como lo plantea el informe. Los marcos legales para regular esto en materia cultural siguen siendo un punto ciego en la mayoría de países. Sin embargo, los autores del estudio son realistas: también reconocen que la IA y las herramientas digitales ofrecen oportunidades legítimas para expandir mercados y llegar a nuevas audiencias. La cuestión es si habrá regulación clara antes de que todo se desmadre.
Jaled al Anani, director general de la Unesco, agregó otra preocupación: las desigualdades de género persisten. Casi la mitad de los líderes en cultura son mujeres, pero con disparidades regionales profundas. En el lado positivo, todos los 158 países firmantes de la convención tienen ministerios u organismos dedicados a la cultura, lo cual es un avance. Pero contar con la institucionalidad no es suficiente si no va acompañado de presupuesto y protección real para quienes crean.
Fuente original: Portafolio - Negocios