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El mandamiento más importante según Jesús: amar a Dios y al prójimo como base de la fe

Fuente: El Tiempo - Vida
El mandamiento más importante según Jesús: amar a Dios y al prójimo como base de la fe
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Durante la Semana Santa, la Iglesia reflexiona sobre el pasaje evangélico de Mateo donde Jesús identifica el amor a Dios y al prójimo como los pilares fundamentales de la Ley. Estos mandamientos no son imposiciones arbitrarias, sino una respuesta a la experiencia de haber sido amado por Dios primero. La caridad, según la doctrina, solo es posible a través de la unión con Cristo y la participación en los sacramentos.

En medio de la celebración de Semana Santa, la comunidad cristiana profundiza en un pasaje central del Evangelio de Mateo donde Jesucristo responde a una pregunta sobre cuál es el mandamiento más importante. La respuesta del Hijo de Dios es contundente: el amor a Dios con todo el corazón, alma y mente, junto con el amor al prójimo como a uno mismo. Estos dos preceptos, según la enseñanza litúrgica, son los pilares sobre los cuales descansa toda la Ley y los Profetas.

Lo relevante de esta doctrina es que la Iglesia enfatiza cómo estos mandamientos no se presentan como cargas impuestas desde afuera, sino como una respuesta natural a algo que precede: haber experimentado primero el amor de Dios. El mensaje es que la capacidad humana de amar nace del reconocimiento profundo de que Dios amó primero, enviando a su Hijo como propiciación por los pecados. Este amor divino es lo que despierta en el creyente el deseo de corresponder con amor hacia los demás.

La enseñanza conecta las antiguas revelaciones del Antiguo Testamento, particularmente las leyes entregadas a Moisés, con la misión de Jesucristo. No se trata de que Cristo venga a abolir la Ley, sino de darle pleno cumplimiento a través de su vida, pasión y resurrección. El primer libro del Éxodo establece una base clara para esto: el trato justo al forastero y al desvalido, un mandato que nace de la memoria histórica del pueblo de Israel, que sufrió la opresión en Egipto.

Un punto crucial que resalta la reflexión litúrgica es que el verdadero culto a Dios no se reduce a rituales o sacrificios. Según la interpretación, lo que agrada a Dios es una existencia vivida en unidad con Cristo, donde la vida cotidiana se transforma en una forma de alabanza. Por eso la doctrina subraya que no se puede afirmar amor a Dios mientras se rechaza al hermano. El amor al prójimo es una extensión directa del amor a la divinidad.

Finalmente, la Iglesia enfatiza que para cumplir con este mandato del amor, es indispensable la unión con Cristo. Por eso llama a la oración y a la participación en los sacramentos, especialmente la Eucaristía, como los medios para obtener la fuerza necesaria para amar de verdad. La caridad no es un acto de voluntad aislada, sino el resultado de conectarse constantemente con Cristo, y es, en última instancia, el cumplimiento íntegro de toda la Ley.

Fuente original: El Tiempo - Vida

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