Doppelmayr expande teleféricos por Colombia: ya opera en Bogotá y apunta a cinco ciudades más

La empresa austriaca que gestiona el TransMiCable en Ciudad Bolívar tiene tres proyectos con estudios listos que podrían licitarse en 2026: Soacha, La Calera y San Antonio del Prado en Medellín. A mediano plazo, también explora opciones en Bucaramanga, Santa Marta, Cartagena y Manizales. Mientras tanto, el cable de San Cristóbal está en fase final de construcción, con certificaciones pendientes para comenzar operaciones.
En Bogotá no están solos. La empresa Doppelmayr, líder mundial en sistemas de transporte por cable, ya tiene la mira puesta en expandir su modelo a otras ciudades colombianas. Después de los años de operación exitosa del TransMiCable en Ciudad Bolívar, donde funciona sin contratiempos desde hace siete años, la compañía prepara la siguiente ola de proyectos.
Alejandro Zambrano, CEO de Doppelmayr en Colombia, explica en entrevista que hay tres iniciativas particularmente avanzadas: Soacha tendrá una extensión de 3,82 kilómetros con tres estaciones y está diseñado para transportar cerca de 2.600 pasajeros por hora pico, lo que reduciría tiempos de desplazamiento de 40 a 16 minutos. La Calera, el municipio vecino de Bogotá, tiene potencial dual como transporte intermunicipal y turístico. San Antonio del Prado en Medellín recibe inversión en estudios para sistemas de muy alta capacidad. Según Zambrano, estas iniciativas "no pueden quedarse a medias" porque ya tienen dinero invertido en estudios de factibilidad que terminarán este año, con licitaciones que podrían abrirse en 2026.
El mapa de expansión es más ambicioso aún. Bucaramanga, Santa Marta, Cartagena y Manizales también han manifestado interés. Zambrano aclara que "con todas hemos estado" y que "los intereses son variables, pero constantes". Sin embargo, admite que estos proyectos enfrentan un obstáculo político real: cada cambio de gobierno reinicia las conversaciones desde cero. También hay casos donde Doppelmayr decide no participar. Si después del análisis encuentran que la infraestructura sería demasiado costosa para pocos beneficios reales, simplemente se retira. "Terminaría siendo un costo muy elevado para el municipio con pocos beneficios", explica Zambrano, "y con el paso de los años se convertiría en un elefante blanco".
Mientras tanto, en San Cristóbal, el segundo cable bogotano está en su fase más crítica. Con 2,8 kilómetros, tres estaciones y 144 cabinas listas, falta completar los acabados civiles y obtener las certificaciones eléctricas de Codensa para comenzar las pruebas. Zambrano describe este momento como "el remate en la recta final de una obra", donde todo debe funcionar a la perfección: más de 200 sensores verifican cada movimiento, y el sistema está diseñado para garantizar acceso seguro incluso para personas en silla de ruedas.
Lo que Zambrano subraya es que la tecnología que opera en estos cables bogotanos es el mismo estándar del metro de París. "Ese mismo estándar que aplicamos en una capital europea es el mismo que aplicamos en San Cristóbal y Potosí. ¿Por qué sentir que merecemos menos?", dice. El sistema funciona con un cable que gira continuamente a 5,5 metros por segundo, mientras las cabinas se enganchan y desenganchan automáticamente en las estaciones. En siete años de operación en Ciudad Bolívar, el resultado es contundente: cero robos, cero casos de acoso.
Pero hay un retorno que ninguna cifra de transporte captura. Luz Marina Torres, habitante del sector, lo explica así: "Esto fue una bendición de Dios para esta localidad". Antes del cable, su viaje al norte de Bogotá duraba más de dos horas. Hoy llega más temprano. Zambrano formula la pregunta que resume el verdadero impacto: si recuperas una hora por la mañana y otra por la tarde, ¿qué harías con dos horas más? Dormir, estudiar, hacer ejercicio, estar con la familia. Es ese argumento el que mantuvo a la comunidad defendiendo el cable cuando intentaron cancelarlo en administraciones pasadas y cuando fue vandalizado en 2021. Y es lo que explica por qué hoy, en San Cristóbal, ya aguardan con la misma esperanza.
Fuente original: Portafolio - Economía