Dolientes en Colombia usan ChatGPT como terapia: estudio revela cómo la IA se convierte en "sala de urgencia emocional"

Un estudio de la Funeraria San Vicente en Medellín documentó cómo personas en duelo recurren a ChatGPT, Gemini y Claude para procesar sus pérdidas, especialmente en madrugadas cuando no tienen acceso a apoyo humano. El 90% de participantes fueron mujeres, con tres formas principales de uso: búsqueda de información práctica, generación de imágenes de seres queridos, y regulación emocional. Los psicólogos advierten sobre el límite entre usar la IA como herramienta útil y convertirla en sustituto del terapeuta o la conexión humana.
A las tres de la mañana, cuando el teléfono no suena y ningún amigo responde, hay colombianos que abren ChatGPT para escribir sobre la muerte de alguien que aman. La misma app que usan para redactar correos de trabajo o resolver tareas académicas se ha convertido para miles de personas en un punto de desahogo emocional cuando la angustia no puede esperar hasta el día siguiente.
Este fenómeno llamó la atención de la Unidad de Duelo de la Funeraria San Vicente, que realizó un estudio en Medellín documentando cómo gente en duelo utiliza la inteligencia artificial para buscar alivio. "Las personas utilizan lo que está a su alcance", explica a EL COLOMBIANO Andrés Grajales, psicólogo de la unidad y coautor del estudio. La razón es simple: a diferencia de los griefbots (chatbots costosos diseñados específicamente para simular conversaciones con difuntos), aplicaciones como ChatGPT, Gemini o Claude están gratuitas a un clic de distancia. "Esa inmediatez y gratuidad convierten esas aplicaciones corporativas en lo que nosotros llamamos una sala de urgencia emocional", señala Grajales.
Los números del estudio, que aún continúa, revelan patrones interesantes. El 90% de participantes fueron mujeres, algo que Grajales atribuye a patrones documentados en la literatura sobre cómo hombres y mujeres gestionan emocionalmente las crisis. De ese grupo femenino, el 60% reportó usar ChatGPT frecuentemente como herramienta principal para procesar su pérdida.
La investigación identificó tres maneras diferentes en que las personas recurren a la IA. Primero está el uso "consultivo y psicoeducativo": dolientes que necesitan que la máquina traduzca lenguaje médico o forense que no entienden, o que buscan sugerencias prácticas para salir del estancamiento emocional. La segunda forma involucra la generación de imágenes, donde algunos encuentran consuelo recreando momentos con sus seres queridos fallecidos. Sin embargo, especialmente las madres, rechazan estas imágenes cuando el algoritmo falla en reproducir rasgos genéticos reales. La tercera es la más común: lo que Grajales llama "regulación emocional y contención inmediata", cuando la IA funciona como ese espacio disponible a cualquier hora, sin juzgar y sin la presión de tiempo que el doliente siente en su entorno.
Aquí está el problema central: "Vivimos en una sociedad muy tanatofóbica (con miedo intenso a la muerte) y muy obsesionada con la inmediatez. El entorno te acompaña la primera semana, pero al mes ya está exigiendo que seas funcional", dice Grajales. Los bots ofrecen algo que la gente no tiene: "La máquina no mira el reloj, no se incomoda con el llanto prolongado y le permite al usuario repetir su historia treinta mil veces sin la sensación de estar cansando a nadie". Además, los historiales de chat cumplen una función clínica real: permiten al doliente contar su historia repetidamente sin tener que explicar el contexto cada vez, un proceso que psicólogos llaman reconstrucción de significados.
Pero hay límites importantes. Un caso documentado involucró a una madre que intentó usar IA para proyectar cómo habría sido su hija a los cinco años tras una pérdida perinatal. El algoritmo creó a una niña pelirroja, rasgo que no correspondía a su genética. La madre rechazó la imagen inmediatamente. En otro caso similar, una mujer describió la experiencia como "tormento" al recibir una imagen de su bebé con textura de cabello distinta a la suya. "El ser humano tiene una tendencia innata hacia la congruencia y hacia la autenticidad. Cuando la máquina introduce un error, rompe esa congruencia, y el psiquismo se niega a falsificar su propia existencia", explica Grajales. Este rechazo es en realidad un mecanismo de defensa saludable.
El mayor riesgo, según el psicólogo, es que la IA se convierta en sustituto permanente del apoyo humano. Porque la máquina opera bajo lógicas comerciales que la hacen complaciente: nunca confronta, nunca te dice lo que necesitas escuchar en lugar de lo que quieres escuchar. "Si un doliente utiliza estas herramientas para simular conversaciones con quien ya no está, se enfrenta al riesgo de que la máquina se convierta en un habilitador de la negación". La clave, enfatiza, está en reconocer que "el problema aparece cuando se empieza a ver la inteligencia artificial como un alguien, no como un algo".
Para quienes atraviesan un duelo, Grajales recomienda usar la IA como una herramienta más, no como sustituto del contacto humano. "Así como ir al gimnasio es una herramienta, o hablar con la familia es una herramienta, la inteligencia artificial también lo es. El riesgo está en convertirla en un sustituto permanente del ser que falleció, o del terapeuta, que es quien me va a confrontar y decirme no lo que quiero escuchar, sino lo que necesito escuchar". Lo interesante es que, según el propio estudio, la mayoría de dolientes sigue eligiendo las relaciones humanas cuando tienen la opción.
Fuente original: El Colombiano - Tecnología

