Depresión en mascotas: cómo identificarla sin confundirla con pereza

Los cambios en el comportamiento de perros y gatos, como pérdida de apetito, apatía o desinterés por actividades, pueden indicar depresión u otros problemas de salud. Los especialistas advierten que estos síntomas requieren evaluación veterinaria integral para descartar enfermedades físicas. Los cambios bruscos en la rutina del hogar son detonantes comunes, y mantener estímulos y actividades consistentes ayuda a fortalecer el bienestar emocional de las mascotas.
Cuando un perro o gato deja de jugar, duerme más de lo habitual o pierde interés en actividades que antes disfrutaba, muchos dueños asumen que la mascota simplemente se volvió perezosa. Sin embargo, especialistas en comportamiento animal señalan que estos cambios podrían indicar estados emocionales más profundos que merecen atención y seguimiento profesional.
La depresión en animales domésticos sigue siendo un tema debatido en medicina veterinaria. Lore Haug, médica veterinaria especializada en comportamiento animal, explicó que "Sin embargo, es probable que los animales sí sufran algún tipo de depresión, aunque es difícil saber hasta qué punto su estado emocional es similar al de un ser humano con ese diagnóstico". La dificultad radica en que perros y gatos no pueden comunicar verbalmente lo que sienten, obligando a los propietarios e veterinarios a interpretar cambios físicos y conductuales.
En los perros, hay patrones clave que pueden encender alarmas. Cambios que persisten durante una o dos semanas, como disminución del interés en actividades, modificaciones en el apetito, alteraciones del sueño o menor respuesta a estímulos del entorno, son señales de alerta. Pero aquí viene lo importante: estos síntomas también pueden aparecer en enfermedades físicas, dolor o problemas neurológicos. Por eso Oscar Cortadellas, profesor asociado del Departamento de Medicina y Cirugía Animal, insiste en que antes de relacionar estos cambios con depresión es fundamental hacer una evaluación integral que descarte primero problemas orgánicos.
Los cambios drásticos en la rutina emergen como detonantes frecuentes. Mudanzas, el fallecimiento de un familiar, la llegada de un bebé, una nueva mascota o separaciones pueden ser eventos difíciles de procesar para algunos animales. Incluso modificaciones que parecen menores para los humanos, como cambios de horarios o mover objetos de lugar, pueden impactar significativamente. Erin Askeland, especialista en bienestar animal, destaca que la resiliencia del animal es crucial. "Las mascotas que a veces tardan un poco más en recuperarse, o que reaccionan con mayor sensibilidad a pequeñas cosas, incluso si se recuperan rápidamente, son probablemente las que tienen más probabilidades de verse afectadas por otro evento o un cambio importante", afirmó.
Las manifestaciones varían entre individuos. Mientras algunos animales se aíslan o disminuyen su interacción social, otros pueden mostrar irritabilidad, hiperactividad o conductas inusuales. El enriquecimiento del ambiente juega un papel fundamental. Haug subraya que "Todas las mascotas deberían tener oportunidades constantes de enriquecimiento. Esto mejora su bienestar y también aumenta su capacidad para resolver problemas".
Si los cambios de comportamiento se mantienen varios días o alteran la rutina diaria del animal, lo recomendable es consultar con un veterinario. Los tratamientos pueden incluir modificaciones conductuales, estrategias de estimulación y, en casos específicos, apoyo farmacológico bajo supervisión profesional. La clave está en actuar a tiempo y no asumir que toda apatia es simplemente pereza.
Fuente original: El Tiempo - Vida