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Costilla y jarrete: los cortes ideales para un caldo de res sabroso y sin exceso de grasa

Fuente: El Tiempo - Vida
Costilla y jarrete: los cortes ideales para un caldo de res sabroso y sin exceso de grasa
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El secreto de un buen caldo casero está en elegir el corte correcto desde la carnicería. Los expertos recomiendan costilla o jarrete de ternera porque contienen hueso y colágeno, elementos que dan profundidad y textura al caldo. Para evitar que quede grasoso, es clave retirar la grasa visible antes de cocinar y, después, refrigerar el caldo para solidificar la grasa de la superficie y eliminarla fácilmente.

Un buen caldo de res no es producto de la suerte ni de pasar horas vigilando la olla. Todo comienza en la carnicería, con una decisión inteligente sobre qué corte llevar a casa. Según expertos en gastronomía y nutrición, la elección correcta de la carne es lo que marca la diferencia entre un caldo sabroso y reconfortante y una sopa pesada y difícil de digerir.

El chef Camilo Currea, consultado por El Espectador, es claro en su recomendación: "para elaborar un buen caldo, el mejor corte es la costilla de res o, en su defecto, cualquier corte que incluya hueso". La razón es técnica. El hueso no es un simple complemento; es la base del sabor y la textura. "El hueso es fundamental, ya que contiene colágeno, lo que no solo aporta mayor profundidad de sabor, sino también una textura más untuosa y rica en boca", explica Currea. Ese colágeno se transforma en gelatina durante la cocción, lo que le da al caldo ese "cuerpo" y esa sensación de redondez en el paladar que diferencia un caldo profesional de agua con sabor.

Si la costilla es tu opción, está bien. Pero hay alternativas de igual calidad. El jarrete de ternera surge como una segunda opción para quienes buscan resultados más estructurados. Según el chef Currea, "este corte, además de tener hueso, es especialmente rico en sabor y permite obtener un caldo mucho más concentrado y estructurado". Sin embargo, trabajar con estos cortes ricos en hueso presenta un desafío inevitable: la grasa. Para que el caldo final no sea perjudicial ni visualmente desagradable, Currea advierte que "es recomendable retirar la mayor cantidad de grasa posible antes de la cocción para lograr un caldo más limpio y equilibrado".

Si tu prioridad es reducir al máximo el consumo de grasas saturadas, existen cortes magros que puedes considerar: codillo, cuadrada, solomillo, nalga, lomo, colita de cuadril, paletilla y redondo. La advertencia importante es que aunque estos cortes son más saludables, al carecer de hueso y tejido conectivo, el caldo resultará menos denso. Por eso, si los usas, debes ser especialmente cuidadoso con la técnica de preparación.

La verdadera maestría está en el desgrasado final. Mayo Clinic recomienda retirar toda la grasa visible de la carne antes de que toque el agua. Pero el truco más infalible ocurre después de la cocción: refrigera el caldo una vez listo. Cuando la temperatura baja, la grasa se solidifica en la superficie formando una capa blanca que puedes retirar fácilmente con una cuchara. Lo que sobra es un líquido cargado de nutrientes y sabor, sin la pesadez del exceso graso.

En conclusión, el mejor caldo es aquel que armoniza el colágeno del hueso con una limpieza rigurosa de la pieza. La buena cocina empieza siempre con una compra inteligente en la carnicería.

Fuente original: El Tiempo - Vida

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