Cómo proteger a los niños del estrés tóxico causado por adversidades en la infancia
Las experiencias adversas en la infancia, como separaciones, violencia doméstica o pérdidas familiares, activan sistemas de estrés en los niños que pueden volverse "tóxicos" y afectar su salud a largo plazo. Sin embargo, los pediatras destacan que relaciones seguras, momentos de conexión familiar y experiencias positivas son clave para desarrollar resiliencia. Los padres pueden contar con su pediatra como primer apoyo para navegar estos momentos difíciles sin culpa ni vergüenza.
Cuando un niño hace berrinches en una tienda, se niega a comer o actúa sin razón aparente, muchos padres se sienten confundidos y avergonzados. Según la pediatra conductual Nerissa Bauer, especialista de la Academia Americana de Pediatría, estas conductas frecuentemente no responden a lo que los padres hicieron o dejaron de hacer, sino a algo que el niño o su familia está viviendo. A menudo, el comportamiento refleja simplemente que el niño aún no tiene las palabras para expresar lo que le molesta o no logra controlar emociones muy intensas.
Existen eventos que los especialistas llaman "experiencias adversas en la infancia" (EAI) y son más comunes de lo que imaginamos. Incluyen situaciones como separaciones o divorcios de los padres, exposición a violencia doméstica, pérdida de un ser querido, enfermedad mental o adicciones en la familia, abuso, negligencia, o incluso vivir en condiciones de pobreza o ser víctima de discriminación. Según Bauer, estas situaciones pueden provocar que los niños lloren, se muestren tristes, pierdan destrezas que ya habían desarrollado o tengan problemas para dormir y concentrarse.
El cuerpo de los niños tiene sistemas naturales de estrés que los protegen ante situaciones de peligro, activando una respuesta de "pelear o huir". Esto es normal cuando el niño se asusta de algo puntual. Pero cuando las experiencias adversas se prolongan en el tiempo, estos sistemas de estrés permanecen activados durante períodos largos, y ahí es donde el estrés se vuelve "tóxico" para la salud general. Los estudios demuestran que adultos que enfrentaron una o más EAI durante la infancia tienen mayor riesgo de depresión, enfermedades del corazón, diabetes y otras afecciones a lo largo de la vida.
La noticia alentadora es que los padres pueden proteger a los niños de este estrés antes de que cause daño duradero. Lo más importante es proporcionar relaciones seguras y estables, generar momentos de conexión mediante actividades como leer juntos, participar en rutinas familiares y tradiciones. También es fundamental que los padres modelen cómo aceptar todas las emociones, promoviendo habilidades de colaboración, conexión y comunicación que desarrollan la resiliencia en los niños.
Según Bauer, el pediatra es un aliado invaluable en estos momentos. No solo monitorea el crecimiento físico del niño, sino también su bienestar emocional y social. Los pediatras están preparados para escuchar las historias familiares, entender el estrés cotidiano de la crianza y construir junto con los padres un sistema de apoyo. Cuando los padres comparten lo que sucede en casa y en la comunidad, el pediatra puede comprender mejor por qué un niño se comporta de cierta manera y cómo apoyar mejor a toda la familia sin juzgar.
Bauer enfatiza que ninguna pregunta o preocupación es insignificante. Los pediatras quieren saber cómo está el niño, pero también cómo están los padres, si se sienten apoyados y si tienen recursos para navegar esos momentos más complicados. El objetivo es asegurar que todos los niños y sus familias tengan lo necesario para prosperar, y eso solo es posible cuando los padres se sienten escuchados con compasión.
Fuente original: Mediplus - Qué hay de nuevo