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Colombia perdió la mitad de sus plantas farmacéuticas en 20 años y pide reindustrializar el sector

Fuente: El Tiempo - Salud
Colombia perdió la mitad de sus plantas farmacéuticas en 20 años y pide reindustrializar el sector
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Colombia ha reducido sus plantas productoras de medicamentos certificadas de cerca de 200 a 100 en dos décadas, según alertó la industria farmacéutica durante un foro latinoamericano en Bogotá. El país produce entre el 70 y 80 por ciento de las unidades que consume, pero gasta el 80 por ciento de su presupuesto farmacéutico en medicamentos importados de alta tecnología. Los expertos advierten que esta dependencia externa debilita el sistema de salud, aumenta costos y deja al país vulnerable ante crisis sanitarias.

Colombia enfrenta una paradoja peligrosa en su industria farmacéutica: produce lo que consume en cantidad, pero paga por lo que no controla. Durante el III Foro Farmacéutico Latinoamericano realizado en Bogotá, la industria lanzó una alarma sobre la erosión de capacidades productivas que ha caracterizado las últimas dos décadas del sector farmacéutico nacional.

Según datos presentados por Asinfar, la asociación que agremia a las principales empresas farmacéuticas del país, Colombia pasó de tener cerca de 200 plantas certificadas en Buenas Prácticas de Manufactura a mediados de los años 2000 a apenas 100 en la actualidad. Esta reducción no es un simple cambio de números: representa pérdida de empleo, capacidad de innovación y autonomía sanitaria. El mercado farmacéutico colombiano supera los 30 billones de pesos anuales y los medicamentos representan entre el 25 y el 30 por ciento del gasto total en salud del país.

El desafío financiero se concentra en un punto crítico. Mientras Colombia produce entre el 70 y el 80 por ciento de las unidades que consume, cerca del 80 por ciento del gasto en medicamentos se destina a productos importados de alta tecnología que operan en condiciones de monopolio o baja competencia. "El país produce lo esencial y paga por lo que no controla", explicó Carlos Francisco Fernández, presidente ejecutivo de Asinfar, en una entrevista con El Tiempo durante el foro. Esta dependencia de importaciones expone al sistema de salud a volatilidad internacional, interrupciones logísticas y aumentos abruptos de costos que presionan financieramente a las EPS y al sistema general.

El foro, que reunió por primera vez a cinco agencias regulatorias latinoamericanas (Anvisa de Brasil, Cofepris de México, la Superintendencia de Regulación Sanitaria de El Salvador, el ISP de Chile e Invima de Colombia), llegó a un consenso claro: los medicamentos dejaron de ser simples bienes comerciales para convertirse en componentes estratégicos de los Estados. La conclusión fue que América Latina enfrenta una decisión crítica: seguir fragmentada importando medicamentos o construir una plataforma regional articulada de producción farmacéutica.

Fernández insistió en que la solución no es cerrar mercados ni proteger ineficiencias, sino construir resiliencia. "Porque lo que no se produce, se depende. Y en salud, depender significa no controlar ni precios, ni disponibilidad, ni tiempos. La producción local no es ideología: es capacidad de respuesta", afirmó. Las propuestas incluyen incentivos a la inversión, estabilidad regulatoria, fortalecimiento científico y tecnológico, y mecanismos de compras públicas responsables. El foro enfatizó que reindustrializar debe ir más allá de medicamentos básicos: implica también desarrollar principios activos farmacéuticos, biotecnología e innovación.

Al cierre del evento, Fernández lanzó una advertencia sobre mantener la dependencia externa en medicamentos estratégicos. "Es la peor decisión sanitaria posible en el mundo de hoy. Debilitar la industria farmacéutica es destruir empleo, capacidades productivas y tejido social. Pero, sobre todo, es aumentar la vulnerabilidad frente a eventos simples o severos que no siempre se anticipan, pero que pueden ocurrir con efectos devastadores", concluyó. El mensaje de Bogotá es claro: Colombia tiene industria, talento, regulación y mercado para una política farmacéutica más robusta. Lo que falta, según los expertos, es coherencia política para ejecutarla.

Fuente original: El Tiempo - Salud

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