Colombia importó el 88% de sus granos en 2025: la alerta roja de Fenalce por seguridad alimentaria

Colombia depende casi completamente de importaciones para alimentarse. El año pasado, el 88% de los granos que consumió vinieron del exterior mientras la producción nacional colapsó. Cultivos como sorgo, haba y trigo cayeron entre 24% y 72%, y los agricultores siguen reduciendo sus siembras por falta de incentivos económicos. El gremio Fenalce advierte que sin cambios estructurales urgentes, el país profundizará su vulnerabilidad alimentaria.
Colombia tiene un problema que toca el bolsillo de todos: cada vez que va al mercado, está financiando a productores extranjeros en lugar de apoyar el agro nacional. En 2025, de los 15 millones de toneladas de granos que necesitó el país para alimentarse, el 88% llegó de importaciones. Apenas el 12% salió de las cosechas colombianas. Para dimensionar esto, piense en cada bolsa de harina, cada kilo de maíz para los pollos que come, cada plato de frijol: la mayoría vino de afuera.
El gremio Fenalce lanzó una alarma que no es para ignorar. La producción de granos se desplomó en 2025 comparada con 2024. El sorgo lidera el desastre con una caída de 72%, seguido por el haba que se contrajo 48%, la arveja 30% y el trigo 24%. Incluso cultivos que parecen estables como el maíz blanco cayeron 12%. Pero lo más preocupante no es solo que se produjo menos, sino que los agricultores están sembrando menos tierra. Están abandonando sus cultivos porque no hay dinero suficiente para vivir de eso.
El sorgo, por ejemplo, perdió 76% del área cultivada. El maíz blanco se redujo en 23%. Incluso cuando algunos cultivos como la soya aumentaron el terreno sembrado en 12%, la producción igual cayó por falta de rendimiento. Esto revela un problema más profundo que no se resuelve solo sembrando más: hay fallas en toda la cadena, desde la calidad de las semillas hasta los almacenes para guardar la cosecha.
Fenalce identifica las razones. Los precios de los granos están por el piso mientras los costos de producción suben. Faltan seguros agrícolas que protejan a los campesinos de tormentas, sequías o plagas. No hay infraestructura adecuada de secado y almacenamiento. Y encima, el Gobierno no tiene una política clara para que estos sectores sean rentables y competitivos. Arnulfo Trujillo Díaz, gerente general de Fenalce, fue directo: "De cara a este panorama, incrementar las áreas cultivadas y la producción de nuestros granos es vital, pero no hay una política clara para estos sectores que les permita crecer, ser rentables y competitivos".
La dependencia de importaciones es casi total en cultivos clave. El trigo depende en 99,8% de lo que viene del exterior. La cebada en 97,2%. La soya en 93%. El maíz amarillo, fundamental para producir alimentos balanceados para animales, cubre solo el 12% de la demanda con producción local. El maíz blanco, aunque mejor posicionado, aún requiere importar el 47% de lo que se consume.
Esto tiene consecuencias reales para el precio que paga en casa. Si cualquier crisis internacional afecta la oferta mundial de granos, los precios suben acá inmediatamente. Colombia no puede defenderse porque prácticamente no produce. Trujillo Díaz insistió en que sin cambios estructurales que involucren investigación, tecnología e incentivos reales, la situación empeorará. "Fenalce está listo para acompañar este gran reto y lograr la tan anhelada seguridad y soberanía alimentaria. Sabemos que Colombia cuenta con suficiente potencial productivo, pero cualquier iniciativa de transformación requiere cambios estructurales".
El reto ahora es urgente. Si no actúa el Gobierno con políticas que hagan viable la agricultura de granos, los campesinos seguirán abandonando sus tierras. Colombia profundizará su dependencia externa, quedará vulnerable a cualquier turbulencia en los mercados globales, y verá cómo sus alimentos se encarecen mientras pierde capacidad de alimentarse a sí misma.
Fuente original: Portafolio - Economía