Cáncer de cuello uterino: tres acciones concretas para prevenirlo y detectarlo a tiempo

El cáncer de cuello uterino es prevenible mediante tres estrategias clave: la vacuna contra el VPH, el uso de preservativo y controles médicos periódicos. La mayoría de casos está asociado a una infección persistente por el virus del papiloma humano, un virus común que se transmite sexualmente. Detectar cambios celulares tempranamente multiplica las posibilidades de tratamiento efectivo.
Cada año se diagnostican miles de casos de cáncer de cuello uterino en el mundo, a pesar de que contamos con herramientas efectivas para prevenirlo y detectarlo en fases iniciales. Con motivo del Día Mundial de la Prevención del Cáncer de Cuello Uterino, especialistas enfatizan la necesidad de fortalecer las medidas preventivas para reducir la incidencia de esta enfermedad.
El cáncer de cuello uterino se origina en el cérvix, la parte inferior del útero que conecta con la vagina. En la gran mayoría de los casos está vinculado a una infección prolongada por el virus del papiloma humano (VPH), un virus de alta circulación que se transmite principalmente durante las relaciones sexuales. Se estima que la mayoría de personas sexualmente activas entra en contacto con este virus en algún momento de sus vidas. Aunque el organismo suele eliminarlo naturalmente, cuando la infección persiste puede generar cambios en las células que, sin seguimiento médico, podrían evolucionar hacia lesiones cancerosas. Lo importante es que este proceso generalmente se desarrolla de manera progresiva, lo que permite identificar alteraciones antes de que se conviertan en cáncer.
La prevención se concentra en tres herramientas principales. Primero, la vacuna contra el VPH, que protege contra los tipos de virus responsables de la mayoría de casos y se recomienda especialmente en adolescencia, aunque puede aplicarse en otras edades según factores de riesgo. Segundo, el uso de preservativo durante las relaciones sexuales, que disminuye el riesgo de transmisión viral, aunque no ofrece protección total pues el contagio puede ocurrir por contacto en zonas no cubiertas. Tercero, los controles médicos periódicos para detectar lesiones antes de que avancen.
Las recomendaciones generales para el cribado varían según la edad. Entre los 25 y 34 años se sugiere citología cervical cada 3 años. Entre los 35 y 65 años, la prueba del VPH cada 5 años, o citología según el programa de cada comunidad. Estos exámenes son rápidos y se realizan en consulta médica sin complejidad mayor. Las autoridades sanitarias recomiendan acudir a estos controles dentro de los rangos establecidos.
Un aspecto clave para entender esta enfermedad es que la infección por VPH es frecuente, pero no todos los casos derivarán en cáncer. El desarrollo hacia la enfermedad puede tardar varios años, lo que permite su detección temprana mediante seguimiento médico. Cuando se combinan las tres estrategias de prevención, vacunación, uso de preservativo y cribado periódico, el cáncer de cuello uterino se convierte en una enfermedad altamente prevenible. El acceso a información sobre salud ginecológica y el seguimiento médico constante son factores determinantes para reducir su incidencia y mejorar las posibilidades de diagnóstico oportuno.
Fuente original: El Tiempo - Salud