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¿Atrapado en redes sociales? Expertos revelan señales de alerta y cómo recuperar el control

Fuente: El Tiempo - Salud
¿Atrapado en redes sociales? Expertos revelan señales de alerta y cómo recuperar el control
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Millones de colombianos pierden horas diarias en redes sociales sin poder controlar su uso, generando ansiedad al desconectarse e impactando sus relaciones personales. Especialistas explican que el diseño deliberado de las plataformas activa centros de recompensa en el cerebro, liberando dopamina constantemente. El problema afecta especialmente a menores, quienes pasan en promedio 8,9 horas entre semana con el celular. La solución no está en prohibir la tecnología, sino en desarrollar habilidades de regulación emocional y buscar apoyo profesional cuando sea necesario.

Nicolás invierte al menos ocho horas diarias en redes sociales, y los fines de semana puede llegar a diez. No es una decisión que tome conscientemente, sino algo que reconoce pero no logra detener. "No soy capaz de soltar el celular, no soy capaz de dejarlo a un lado. Resulto 'scrolleando' infinitamente y pierdo mucho tiempo porque pierdo la noción del tiempo cuando estoy en las redes sociales", describe. Las consecuencias van más allá de las horas perdidas: sus vínculos personales se han deteriorado, le cuesta dejar el teléfono cuando está con otras personas, y todos sus intentos por desengancharse han fracasado. La razón es que su trabajo lo obliga a tener el celular cerca constantemente, garantizando que caiga nuevamente en el 'scroll' infinito de TikTok o Instagram.

Juan y Laura viven situaciones parecidas. Juan trabaja con Instagram y no puede desinstalarlo, pero intentó borrar otras redes del celular. Instaló bloqueos para limitar su tiempo en pantalla. Sin embargo, los desactiva una y otra vez, descargando nuevamente las aplicaciones. Entre trabajo y uso personal, pasa entre diez y doce horas diarias en redes sociales. El precio emocional es alto: "Es una red social difícil, lo carga a uno mucho emocionalmente. Termino el día agotado mentalmente", dice sobre Twitter. Laura tiene un contador de tiempo de pantalla activado que le muestra entre tres y siete horas diarias de uso. Lo que más le incomoda no es el tiempo en sí, sino lo que ese tiempo reemplaza: actividades que disfruta y momentos más provechosos. Cerró su cuenta de Instagram durante una semana, pero su trabajo la obligó a volver. Incluso cuando no tiene la aplicación instalada, su memoria muscular la lleva a intentar acceder: "Me encuentro a mí misma entrando así ya no esté la aplicación. Como que mi memoria ya me lleva a ese lugar donde estaba la app".

Los tres comparten síntomas que los expertos reconocen como señales de alerta: pérdida de control sobre el tiempo de uso, irritabilidad al intentar desconectarse, impacto en las relaciones personales, intentos fallidos de reducir el consumo y la sensación de que las plataformas han colonizado no solo su tiempo libre sino también su memoria.

En Colombia, esto se ha convertido en un problema de salud pública que afecta incluso a los más pequeños. Según un estudio de 2024 de la Comisión de Regulación de Comunicaciones, basado en 2.610 encuestas a menores entre 3 y 17 años, el teléfono inteligente es el dispositivo más usado: en promedio, los niños lo usan 8,9 horas entre semana y 7,2 horas los fines de semana. El 61 por ciento de los menores ya tiene un celular de uso personal, cifra que sube al 81 por ciento entre adolescentes de 14 a 17 años. En redes sociales, el 40 por ciento del total de menores tiene una cuenta activa, pero en adolescentes de 14 a 17 años llega al 77 por ciento. Los adolescentes dedican 7,9 horas diarias a WhatsApp entre semana, mientras que en TikTok e Instagram superan las cinco horas diarias.

Para entender por qué millones de personas terminan atrapadas, hay que mirar al cerebro. Ewing Duque Díaz, PhD en Neurociencias y director del Laboratorio de Neurociencias de la Universidad de Santander, explica que las redes sociales activan mecanismos de gratificación. "El uso constante activa la liberación de dopamina en el llamado circuito de recompensa, el cual a su vez se representa en los comentarios, 'me gusta' o notificaciones que se reciben. El uso crónico de plataformas hace necesario mayor descarga de dopamina, generando un hábito incontrolable que en últimas busca la validación social mediante una gratificación instantánea". Diana Bedoya, directora de la Maestría en Psicología Clínica de la Niñez y la Adolescencia de la Universidad de La Sabana, profundiza en este mecanismo: las plataformas están diseñadas deliberadamente para generar permanencia. Las notificaciones, las recompensas variables, los "me gusta" y el contenido infinito que se adapta a los gustos de cada usuario activan continuamente el sistema de recompensa cerebral. "En niños y adolescentes esto es especialmente delicado porque el cerebro aún está en desarrollo. Las áreas asociadas con el autocontrol, la toma de decisiones y la regulación emocional son las que se ven principalmente afectadas, y por eso ellos son mucho más vulnerables a perder el control sobre el tiempo de uso".

Rocío López, investigadora de la Facultad de Educación de la Universidad Javeriana, aclara que reducir el problema a una sola causa es un error. Prefiere hablar de "usos problemáticos" en lugar de adicción. "El tiempo en el que se pasa conectado no es el único factor. Hay que identificar a qué plataformas, qué contenidos, qué interacciones se producen. El problema aparece cuando el estado de ánimo de la persona decae de manera permanente al estar expuesta a estos espacios, cuando en lugar de bienestar le genera preocupaciones, miedo o ansiedad". Los factores que inciden son múltiples: la búsqueda de regulación emocional, baja autoestima, necesidad de validación por parte de los pares, presión cultural y normas de grupo. Bedoya suma otras variables: la edad determinante, la capacidad de regulación emocional y la dependencia de la validación digital para construir el sentido de valor propio. "La adicción a redes sociales empieza cuando la red se convierte en la principal forma para que el adolescente regule sus emociones".

Las señales concretas a las que cualquier persona puede prestar atención incluyen: pérdida de control sobre el tiempo de uso, interferencia en actividades cotidianas como trabajo, estudio o sueño, incapacidad para controlar emociones cuando no se tiene acceso a una aplicación, incapacidad para sentir placer en actividades que antes resultaban satisfactorias, y pérdida de la capacidad de interacción social. Bedoya añade el aislamiento social, irritabilidad o ansiedad cuando no se tiene acceso al celular, estado de ánimo que depende de lo que ocurre en redes, e intentos fallidos de reducir el uso. Una señal especialmente seria es el impacto sobre el sueño. "Cuando el uso afecta el sueño, esto a su vez afecta el estado de ánimo, el rendimiento académico y las relaciones familiares. Ya no estamos hablando de un uso típico, sino de uno problemático". Su conclusión es tajante: "El problema no es cuánto tiempo se usan las redes, sino cuando la persona pierde el control y su vida empieza a girar alrededor de ellas".

Los expertos coinciden en que satanizar o prohibir la tecnología no es el camino. La clave está en transformar la relación con las

Fuente original: El Tiempo - Salud

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