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Advertencia económica: Colombia enfrenta un riesgo de enfermedad holandesa moderna por peso fuerte y costos laborales

Fuente: Portafolio - Economía
Advertencia económica: Colombia enfrenta un riesgo de enfermedad holandesa moderna por peso fuerte y costos laborales
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Varios economistas advierten que Colombia podría estar en camino hacia una "enfermedad holandesa" no tradicional, causada por la entrada masiva de divisas por remesas y deuda pública que fortalecen el peso, combinado con aumentos del salario mínimo que encarecen la producción local. Esta mezcla está presionando la competitividad de sectores como la industria y el agro, mientras la entrada de capital especulativo debilita la inversión productiva real. El resultado: más importaciones, menos exportaciones y el riesgo de que trabajadores caigan en la trampa de ganar más billetes pero poder comprar menos cosas.

Un concepto económico menos conocido acaba de meterse en el debate público colombiano, trayendo consigo una pregunta incómoda: está el país encaminándose hacia una versión moderna de lo que los economistas llaman "enfermedad holandesa", un fenómeno que mata la industria y hace que los países pierdan capacidad de competir internacionalmente. Aunque tradicionalmente esta enfermedad llega con las bonanzas petroleras, varios analistas sostienen que Colombia podría estar enfrentando una variante distinta, impulsada por mezclas de dinero externo, aumentos de salarios y el comportamiento del dólar frente al peso.

Para entender de qué hablamos: en los últimos tiempos han llegado a Colombia alrededor de 13 mil millones de dólares en remesas durante 2025, más el dinero que el gobierno está pidiendo prestado para financiar su déficit. Ese flujo de divisas mantiene el peso fortalecido. A simple vista suena bien, pero aquí está el problema. Un peso fuerte abarata los productos extranjeros y encarece los colombianos. Las empresas nacionales entonces encuentran más dificultad para vender afuera, mientras que importar se vuelve más fácil y barato. Simultáneamente, los aumentos del salario mínimo suben los costos de producción para la industria local. Cuando sumas esos dos efectos, las empresas nacionales se encuentran atrapadas en una pinza: su producto es más caro que el importado. La salida fácil: traer cosas de afuera en lugar de producirlas acá.

Hay otro mecanismo en juego que amplifica el problema. Esos altos salarios nominales crean una ilusión. Las personas ven más dinero en su cuenta pero, como advierte uno de los analistas, "el hecho de que yo tenga más billetes no significa que pueda comprar más cosas necesariamente". La inflación, que no respeta a ricos ni pobres, erosiona el poder de compra real. Mientras tres millones de personas que ganan salario mínimo reciben directamente el aumento, todos los demás sienten la presión de precios sin que sus ingresos suban al mismo ritmo. El resultado es que muchos trabajadores empobrecer en términos reales, incluso si la cifra en su nómina crece.

Los analistas consultados coinciden en que esto no es inevitable, pero sí es un riesgo real. José Manuel Restrepo, exministro de Hacienda, señala que Colombia enfrenta una tasa de cambio baja asociada "a las razones equivocadas". Históricamente un dólar barato venía con crecimiento fuerte, inversión extranjera que creaba empleos, y estabilidad. Ahora llega junto con crecimiento lento, riesgos de inflación y menos inversión real. Henry Amorocho, profesor universitario, advierte que el dinero financiero especulativo, lo que llaman "capitales golondrina" atraídos por altas tasas de interés, está llegando para hacer ganancias rápidas, no para invertir en nuevas fábricas o negocios productivos. Eso fortalece el peso pero sin crear empleos reales.

El cuadro se completa mirando los números del comercio exterior: las importaciones crecieron 9 por ciento mientras las exportaciones avanzaron apenas 0,8 por ciento en términos reales. Las cifras hablan por sí solas de una economía que está consumiendo más del exterior mientras pierde dinamismo productor interno. Sofía Rodríguez, académica de la Universidad de San Buenaventura, lo describe como un "equilibrio delicado" más que como una crisis inmediata, pero advierte que el crecimiento reciente del país, cercano al 2,6 por ciento, ha estado impulsado por lo que la gente gasta en comprar, no por lo que exportamos. Eso significa que los sectores productivos son especialmente vulnerables a cualquier cambio en costos o en el valor del dólar.

El interrogante fundamental que plantean estos economistas es si el peso fuerte y los mayores ingresos nominales reflejan realmente una economía más sólida o si son solo el espejismo de un equilibrio temporal apuntalado por factores externos. La respuesta, coinciden en decir, dependerá de si Colombia logra fortalecer su capacidad productiva real o si continúa navegando como pasajero de dinero que viene de afuera, sin generar las industrias y exportaciones que el país necesita para crecer sustentablemente.

Fuente original: Portafolio - Economía

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