Vivir más años con VIH: cómo cambió el panorama de la enfermedad

Gracias a los tratamientos modernos, las personas con VIH ahora pueden vivir décadas con la enfermedad controlada. Más de la mitad de los diagnosticados en Estados Unidos tienen 50 años o más. Sin embargo, enfrentan desafíos especiales: diagnósticos tardíos, enfermedades crónicas adicionales y aislamiento social. El acceso a servicios de apoyo es fundamental para mantener su calidad de vida.
La medicina ha transformado radicalmente lo que significa vivir con VIH. Lo que hace tres décadas era una sentencia de muerte se ha convertido en una enfermedad crónica controlable. Los medicamentos antirretrovirales, conocidos como ART, han mejorado tanto que las personas diagnosticadas a tiempo y que reciben tratamiento pueden mantener el virus completamente suprimido en su organismo y llevar vidas saludables y prolongadas.
Esta realidad se refleja en los números. En Estados Unidos, más del 54% de los casi 1.1 millones de personas con diagnóstico de VIH tienen 50 años o más. Hace apenas algunos años, esto hubiera sido inconcebible. En los primeros años de la epidemia, quienes recibían diagnóstico de VIH o SIDA tenían una esperanza de vida de apenas uno o dos años. Ahora, el envejecimiento con VIH es una realidad que requiere atención médica especializada.
Las personas que envejecen con VIH enfrentan una realidad compleja. Además de mantener el control del virus, deben lidiar con problemas de salud comunes en adultos mayores: múltiples enfermedades crónicas, uso de varios medicamentos simultáneamente, cambios en sus capacidades físicas y mentales. Pero hay más: aunque el tratamiento ha reducido dramáticamente las enfermedades típicamente asociadas al SIDA, muchas otras condiciones ocurren con frecuencia en estos pacientes. Las enfermedades del corazón, la diabetes, los problemas renales y el cáncer aparecen más frecuentemente, posiblemente relacionados con la inflamación crónica que el VIH causa en el cuerpo incluso cuando está controlado.
Un problema adicional es el diagnóstico tardío. Muchos adultos mayores llegan a los servicios de salud cuando el VIH ya está avanzado. Esto ocurre porque los médicos no siempre ofrecen pruebas de VIH a los adultos mayores, y ellos mismos pueden confundir los síntomas del virus con los signos normales del envejecimiento. Según datos de 2022, el 33% de las personas de 55 años o más en Estados Unidos fueron diagnosticadas cuando ya tenían SIDA, lo que significa que comenzaron el tratamiento más tarde y enfrentan peores perspectivas.
El impacto en el cerebro es otra preocupación. Entre el 25% y el 50% de las personas con VIH presentan trastornos neurocognitivos asociados al virus (conocidos como HAND). Estos pueden causar problemas de memoria, movimiento y estado de ánimo, en una escala que va desde casos sin síntomas hasta demencia severa.
Más allá de lo médico, el aislamiento social y el estigma son desafíos significativos. Muchos adultos mayores con VIH se sienten solos o avergonzados de revelar su condición, lo que les aleja de los servicios de salud mental y apoyo que necesitan. Por eso los especialistas insisten en que es fundamental que estas personas accedan a servicios integrales que combinen cuidado del VIH, atención de la salud mental y apoyo social. Esto no solo mejora su bienestar físico, sino también su calidad de vida en general.
Fuente original: Mediplus - Qué hay de nuevo