ÚltimasNoticias Colombia

Colombia

Urrá recibe 20 veces más agua de la normal y deja a 200 mil personas en la incertidumbre

Fuente: El Colombiano - Colombia
Urrá recibe 20 veces más agua de la normal y deja a 200 mil personas en la incertidumbre
Imagen: El Colombiano - Colombia Ver artículo original

La hidroeléctrica Urrá enfrentó entre el 7 y 8 de febrero lluvias atípicas que multiplicaron los aportes de agua a dieciséis veces el promedio histórico para esa época, obligando a abrir compuertas y causando inundaciones en Córdoba. Más de 200 mil personas resultaron afectadas, especialmente en Montería y Tierralta, donde familias viven en albergues improvisados mientras sus casas permanecen llenas de agua o barro. La pregunta que mantiene a los damnificados es qué sucederá ahora con sus viviendas, mientras enfermedades como el paludismo comienzan a propagarse entre los refugiados.

Una emergencia sin precedentes azotó Córdoba en los últimos días de la primera semana de febrero. Hace diez años la hidroeléctrica Urrá ya había enfrentado un rebosamiento que causó inundaciones, pero los afectados son claros en señalar que aquello no fue nada comparado con lo que acaba de suceder. "Esta es la más grave porque no ha parado de llover", aseguran quienes sufrieron los estragos del agua. Y tienen razón. Entre el sábado 7 y el domingo 8 de febrero, la lluvia cayó con una intensidad que nadie esperaba. Los aportes de agua llegaron a superar los dos mil metros cúbicos por segundo, una cifra que dieciséis veces sobrepasa el promedio histórico para febrero, un mes que tradicionalmente es seco en la región.

En la sala de control de Urrá, los técnicos explican que el embalse recibía normalmente unos 121 metros cúbicos por segundo en esta época del año. Este febrero fue diferente. La creciente comenzó a incrementarse de forma sostenida desde el primero del mes y terminó desbordando cualquier capacidad de amortiguación. Cuando el agua alcanzó su nivel máximo, los ingenieros no tuvieron opción: abrieron compuertas para evacuar el exceso. El río Sinú recibió descargas que superaron los 700 metros cúbicos por segundo, su máximo habitual, y eso fue solo el comienzo del drama que llegó aguas abajo.

Pero para Lorena, quien arrullaba a un niño con discapacidad en un albergue improvisado, los números importan poco. Lo que importa es que "mi casa sigue con agua y allá nadie puede vivir, nos enfermamos". Cuenta que hace años pasó algo parecido, pero "esa vez no nos sacaron de la casa, se entró el agua y ahí estuvimos, nadie nos hizo evacuar, pero ahora vea". Y lo más agrio para ella es que "acá de la hidroeléctrica solo vinieron para decir que no podíamos ir todavía a la casa, y se fueron, no trajeron ni agua, que es lo que ahora les sobra", bromea con rabia contenida.

En Tierralta, el municipio adyacente a la represa, el paisaje cambió de la noche a la mañana. Surgieron cambuches hechos con plásticos negros, tablas sueltas y pedazos de zinc a los lados de las vías. En el colegio de la vereda Los Pollos se amontonan 165 familias en refugios de fortuna. Allí está Nilson Manuel Solano, quien describe lo que vio con una sola palabra: "Fue por una avalancha que se desbordó de la represa de Urrá. Arrastró todos los cultivos. Todo. Tuvimos que salir". Su voz es calmada, casi vencida. El agua le llegó hasta la cintura. Ya bajó, pero dejó un barro espeso que cubre los cuartos hasta el tobillo. Dormir es difícil. Tiene miedo de las culebras y la humedad que no se disipa.

Cuando se le pregunta si la hidroeléctrica se ha comunicado con él, la respuesta es contundente: "Nada. No han ido a reparar daños de cosecha. No nos han dicho nada de reubicación. Nada". Nilson no pide millones. Solo pide tablas para pisos firmes, ayuda para reparar lo que el agua le quitó. Su esposa tenía veinticinco gallinas. Le quedaron diecinueve. A veces él va hasta lo que fue su casa para echarles maíz a las que sobrevivieron. Es su forma de mantener viva la esperanza de la vida que tenían antes.

Más de 200 mil personas enfrentan la misma incertidumbre que Nilson. En los albergues, organizaciones externas como los bomberos de Tarazá han llegado con alimentos y ropa, pero lo que falta es fumigación. El paludismo empieza a aparecer. La gripa se propaga rápido entre colchones tirados en el piso y el zumbido implacable de los mosquitos. El agua de las inundaciones sigue pudriendo en charcos, criando enfermedades.

Los técnicos de Urrá insisten en que no fue solo la hidroeléctrica. El Canalete y el San Juan también se desbordaron por la misma tormenta. Toda la cuenca recibió una cantidad anómala de lluvia. Ahora trabajan para bajar el nivel del embalse centímetro a centímetro, recuperando capacidad de almacenamiento por si vuelve a llover arriba, en la montaña, donde nace el agua que termina inundando barrios y veredas. La discusión sobre si se abrió tarde, si se abrió demasiado, si el sistema de alertas falló, seguirá. Pero en el colegio de Los Pollos hay una pregunta más urgente, más humana. ¿Qué viene ahora? Nilson no sabe si volverá a su casa. Dice que tal vez, si le ayudan a repararla. Tal vez. Ni siquiera está seguro de eso.

Fuente original: El Colombiano - Colombia

Noticias relacionadas