Trump y Netanyahu chocan sobre cómo terminar la guerra que ambos iniciaron juntos

La alianza entre Donald Trump y Benjamin Netanyahu, que parecía sólida cuando lanzaron operaciones militares contra Irán en febrero, ahora muestra grietas profundas. Trump busca una salida negociada para estabilizar los mercados energéticos antes de las elecciones de noviembre, mientras Netanyahu insiste en mantener la presión militar hasta neutralizar completamente a Irán y sus aliados. Las diferencias, que antes eran privadas, ahora se expresan públicamente a través de advertencias directas y reproches mutuos, especialmente sobre la estrategia en Líbano.
La alianza que parecía inquebrantable entre el presidente estadounidense y el primer ministro israelí comienza a mostrar sus costuras. Durante meses, Trump y Netanyahu proyectaron una imagen de coordinación perfecta en su ofensiva contra Irán y sus estructuras regionales. Sin embargo, conforme la guerra se prolongó sin la victoria rápida que esperaban, sus objetivos políticos empezaron a divergir de forma creciente. Lo que antes se discutía en conversaciones privadas ahora sale a la luz pública mediante declaraciones contradictorias, advertencias directas e incluso desacuerdos sobre qué debe ocurrir en el futuro próximo.
Cuando ambos líderes lanzaron la ofensiva el pasado 28 de febrero, los mensajes eran coordinados. Netanyahu buscaba debilitar las capacidades militares iraníes y destruir sus programas nucleares y de misiles balísticos. Trump respaldaba inicialmente una estrategia de máxima presión que apuntaba en la misma dirección. Pero la realidad del terreno cambió el cálculo. La resistencia iraní se demostró más resiliente de lo previsto, las estructuras de poder en Teherán permanecieron intactas y el cierre del estrecho de Ormuz generó consecuencias económicas globales que nadie había anticipado. Lo que debía ser una operación decisiva se convirtió en un conflicto prolongado sin fin a la vista.
A partir de ese momento, las prioridades se separaron. Trump comenzó a buscar una salida negociada que estabilizara los mercados energéticos y redujera los costos políticos internos. Su preocupación es inmediata: enfrenta elecciones legislativas en noviembre y sectores crecientes de su propio electorado cuestionan una guerra que contradice sus promesas de evitar nuevos conflictos en el extranjero. Para la Casa Blanca, la reapertura del estrecho de Ormuz se convirtió en una prioridad urgente. Netanyahu, en cambio, mantuvo su apuesta por la presión militar sostenida. Su lógica política es diferente: su liderazgo sigue marcado por los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, y amplios sectores en Israel consideran que los principales enemigos siguen operativos. Un acuerdo negociado sin resultados visibles podría interpretarse como una derrota política para el primer ministro.
Las diferencias se hicieron especialmente visibles en torno a Líbano. Mientras Trump parecía dispuesto a incluir al país cedro en una negociación regional más amplia con Irán, Netanyahu insistió en mantener separadas ambas cuestiones y continuar la ofensiva contra Hezbolá. Más de 3.000 libaneses, la mayoría civiles, han muerto en esa campaña. La tensión alcanzó un nuevo nivel cuando Israel bombardeó Beirut pese a advertencias públicas de Trump. La respuesta iraní llegó con misiles balísticos contra territorio israelí. Según diversos reportes, Trump realizó una llamada "especialmente tensa" a Netanyahu. El propio presidente estadounidense reconoció después su frustración por acciones israelíes que, a su juicio, amenazaban las negociaciones en curso. Semanas después, Trump señaló al portal Axios: "Le dije: 'Bibi, más te vale tener cuidado, o te quedarás solo muy pronto'". El mensaje público era una señal clara de quiebre.
El desacuerdo de fondo gira en torno al futuro de Irán. Trump parece inclinarse por un acuerdo que limite las capacidades nucleares iraníes y reduzca el riesgo de una nueva guerra regional, evitando que Estados Unidos deba involucrarse más profundamente. Netanyahu observa ese escenario con escepticismo. Desde la perspectiva israelí, cualquier acuerdo que permita la continuidad del régimen iraní dejaría intacta la principal amenaza para la seguridad de largo plazo de Israel. Esta divergencia explica por qué Washington insiste en la moderación mientras Israel mantiene abiertas varias líneas de confrontación simultáneas.
Pese al endurecimiento del lenguaje, la mayoría de analistas considera prematuro hablar de una ruptura total. La cooperación militar, diplomática y estratégica entre ambos gobiernos sigue siendo uno de los pilares de la política regional, y Netanyahu ha evitado desafiar abiertamente a Washington en cuestiones que comprometan el respaldo estadounidense. Sin embargo, las tensiones de hoy reflejan una transformación significativa. Las descalificaciones, las filtraciones sobre conversaciones privadas y las declaraciones contradictorias muestran una relación cada vez más compleja entre dos líderes acostumbrados a ejercer poder desde posiciones dominantes. Mientras ambos mantienen visiones distintas sobre cómo terminar una guerra que juntos ayudaron a iniciar, el riesgo de nuevas escaladas seguirá condicionando el futuro de Medio Oriente.
Fuente original: France 24 - Medio Oriente



