Trump frena el plan para abrir las importaciones de carne: presión de ganaderos estadounidenses

La administración Trump pospuso dos decretos ejecutivos que buscaban reducir aranceles a la carne importada para bajar precios al consumidor. El gobierno estudia alternativas ante la escasez, pero enfrenta resistencia fuerte de ganaderos y productores nacionales que temen perder mercado. Los precios de la carne en Estados Unidos están en máximos históricos, lo que complica la promesa de Trump de controlar la inflación antes de las elecciones de mitad de mandato.
La administración Trump aplazó la firma de dos decretos ejecutivos que pretendía implementar este lunes para reducir los aranceles a las importaciones de carne de res. El objetivo era contener la inflación en alimentos y calmar el descontento de los votantes estadounidenses por los altos precios en el supermercado. Según reportó Bloomberg, la Casa Blanca indicó que sigue refinando las directivas para enfrentar la escasez temporal de proteína en el mercado interno.
El retraso, que fue reportado antes por el Wall Street Journal, expone las contradicciones que enfrenta Trump al intentar bajar dos de los productos más sensibles para las familias: alimentos y gasolina. Permitir más importaciones de carne extranjera ayudaría a aumentar la oferta disponible y presionaría hacia la baja los precios, pero choca de frente con los intereses de la industria ganadera estadounidense. Los ganaderos y procesadores locales advierten que las importaciones perjudicarían sus negocios, y la industria tiene influencia política significativa en estados rurales clave donde los republicanos necesitan buenos resultados para frenar el avance demócrata en las elecciones de noviembre.
Los números del problema son alarmantes. El precio promedio de la carne molida en Estados Unidos superó los siete dólares por libra el mes pasado, mientras que el bistec alcanzó más de trece dólares por libra, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales. Estos precios están en máximos históricos y revelan la magnitud de la crisis de oferta. El hato ganadero estadounidense ha caído a su nivel más bajo en 75 años, lo que explica por qué las carnes son tan escasas y caras.
Desde la industria ganadera surge la resistencia. Zippy Duvall, presidente de la Federación Estadounidense de Oficinas Agrícolas, declaró que "los ganaderos por fin están empezando a recuperarse de años de pérdidas" y advirtió que "cualquier plan para aumentar las importaciones de carne de res es sumamente preocupante y podría socavar la frágil recuperación que están experimentando los ganaderos". La posición refleja una realidad: después de años difíciles, los productores locales ven una oportunidad de recuperación que no quieren perder.
El plan original de Trump combinaba varias medidas. Además de abrir importaciones, consideraba aumentar los préstamos de la Administración de Pequeñas Empresas para ganaderos, flexibilizar regulaciones sobre protección de lobos en peligro de extinción, y aliviar requisitos de identificación de ganado. El objetivo era doble: resolver la escasez inmediata con importaciones, mientras se reconstruía el inventario ganadero nacional a largo plazo.
La situación genera conflictos incluso dentro del partido republicano. Legisladores republicanos como Jason Smith, presidente del Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes, se opusieron en octubre a los intentos de expandir importaciones de carne argentina. A pesar de esto, Estados Unidos ya está en camino a importar una cantidad récord de carne este año, y países como Argentina, Brasil y Australia podrían beneficiarse si Trump finalmente avanza con medidas de apertura comercial.
El dilema que enfrenta Trump es político y económico a la vez. Necesita bajar precios para recuperar la confianza de votantes antes de las elecciones, pero hacerlo abriendo importaciones molesta a aliados rurales clave. Por ahora, elige ganar tiempo mientras busca una tercera opción que satisfaga a ambos bandos.
Fuente original: Agronegocios - Finca

