Starmer desafía a Trump: Reino Unido rechaza bombardeos a Irán sin base legal clara

El primer ministro británico Keir Starmer se negó a respaldar los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, argumentando que carecen de fundamento legal y plan viable. Trump respondió con críticas directas, comparando a Starmer negativamente con Winston Churchill. La tensión refleja diferencias ideológicas más amplias y amenaza la histórica "relación especial" transatlántica, mientras Starmer enfrenta presiones internas antes de elecciones cruciales en mayo.
La relación entre Londres y Washington tocó uno de sus puntos más tensos en décadas. El primer ministro británico Keir Starmer rompió el protocolo diplomático al criticar frontalmente los bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán, que comenzaron el 28 de febrero. "Este gobierno no cree en cambios de régimen caídos del cielo...Todos recordamos los errores de Irak y hemos aprendido de esas lecciones", declaró Starmer ante el Parlamento el lunes 2 de marzo, marcando la primera distancia considerable con Trump desde que el magnate asumió la presidencia.
La fricción comenzó días antes, cuando el Gobierno británico demoraba tres o cuatro días en autorizar el uso de la base militar Diego García en el océano Índico para operaciones estadounidenses. Aunque finalmente Starmer cedió y permitió el uso de esa base y la de Fairford en Inglaterra, dejó claro que solo sería para propósitos defensivos. Trump no lo vio así. En un encuentro con el canciller alemán Friedrich Merz en la Casa Blanca, el presidente estadounidense expresó su descontento en términos personales: "No estoy contento con el Reino Unido (...) No estamos tratando con Winston Churchill", soltó con evidente desprecio hacia el primer ministro británico.
La distancia entre ambos líderes va más allá de Irán. Ya existían desacuerdos sobre el estatus de las islas Chagos, las ambiciones de Trump sobre Groenlandia y diferencias en política exterior más amplias. Pero el conflicto con Irán sacó a la luz las visiones radicalmente opuestas de dos personalidades incompatibles: Starmer es abogado, apegado a la ley y tecnócrata; Trump es impredecible y visceral. Como señaló el diario The Guardian, resultó "ingenuo" por parte del Gobierno británico presentar a Starmer como alguien capaz de persuadir a Trump a cambiar de rumbo.
La sombra de Irak sigue proyectándose sobre las decisiones británicas. El exprimer ministro Tony Blair apoyó la invasión estadounidense de 2003 sin bases legales sólidas, una decisión que destrozó su legado. La investigación Chilcot de 2016 concluyó que la amenaza de armas de destrucción masiva fue exagerada. Esa herida aún sangra en la política británica, y Starmer claramente no quiere repetir ese error. El profesor Bence Nemeth de King's College London explica que "el legado de la guerra de Irak desempeña un papel importante en la configuración del pensamiento estratégico británico".
Pero Starmer enfrenta presiones internas que complican su posición. Kemi Badenoch, jefa de la oposición conservadora, apoya los bombardeos y exige más acción del Gobierno para defender al país, especialmente tras ataques con drones iraníes a bases británicas en Chipre. Además, el Partido Laborista está en crisis: perdió el distrito de Gorton y Denton en Manchester, que controlaba desde hace un siglo, ante los Verdes con apoyo de votantes musulmanes. Cualquier aparición de alinearse incondicionalmente con Washington en Medio Oriente podría debilitar aún más su ya frágil coalición electoral. En mayo, Starmer debe demostrar que puede mantener el poder laborista en elecciones locales cruciales.
Aunque las relaciones bilaterales atraviesan turbulencias, es poco probable que esto afecte inmediatamente la cooperación militar, de inteligencia o comercial. Sin embargo, el riesgo a largo plazo es real. Si Washington y Londres se perciben cada vez más como socios poco confiables durante las crisis, eso podría influir gradualmente en decisiones futuras sobre defensa y alianzas estratégicas. La "relación especial" que Winston Churchill popularizó en 1944 enfrenta su prueba más dura en años.
Fuente original: France 24 - Europa



